Jorge Verstrynge -La guerra periférica y el islam revolucionario. Orígenes, reglas y ética de la guerra asimétrica

MERKEL RAJOY AGUA

Si algo caracteriza a Jorge Verstrynge (1948) es su apego a su mitad francesa y la pasión por la política, que ha vivido desde todos los frente posibles. A través de medio siglo ha recorrido lo que él mismo denomina su particular “autopista rumbo a la izquierda”, empezando en las antípodas. Nacido en Tánger en el seno de una familia francesa, pronto empezó a militar en las filas del fascismo que se oponía a las cesiones europeas frente a los procesos de descolonización en su tierra. Una vez en España, intimó con Fraga en la Universidad y llegó a ocupar la secretaría general de Alianza Popular. Más tarde, tuvo un corto idilio con el PSOE, donde no ocupó ningún cargo de relevancia. Y de ahí a asesor de Francisco Frutos en Izquierda Unida. Un camino en el que se ha cruzado con muchos que circulaban en la dirección contraria. Ahora es un verso libre que dispara sin complejos contra unos y otros.
Mientras, a lo largo de todos estos años no ha abandonado su labor académica en la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense, que ha dedicado al estudio de la geopolítica, la guerra asimétrica y, en los últimos tiempos, el islam revolucionario. Gran defensor de la revolución bolivariana, ha sido también asesor del propio Hugo Chávez. De hecho, su libro, La guerra periférica y el islam revolucionario. Orígenes, reglas y ética de la guerra asimétrica, se ha convertido en manual de los oficiales del Ejército venezolano y libro de cabecera del fallecido presidente.
Sus dos últimas obras, ¡Viva la desobediencia! y Contra quiénes luchar las ha dedicado al análisis de la convulsa España de la crisis y los movimientos sociales como el 15-M. En mayo de 2012 fue uno de los desalojados por la Policía Nacional del Centro Social Okupado La Salamanquesa. Y la semana pasada volvió a saltar a los titulares tras ser identificado en un escrache que se dirigía a la casa de la vicepresidente Soraya Sáenz de Santamaría.
Las paredes de su casa de O’Donnell, el lugar que ha elegido para la entrevista, están llenas de libros. La mayoría en francés. Sus mujer, sus hijos, su sobrino y el novio de su hija suben y bajan por las escaleras y encienden la chimenea. Cuando suena el móvil de Verstrynge, se oye a todo volumen La Marsellesa.
“Si no fuera por el 15-M aquí estaríamos ya desfilando al paso de la oca y gritando “heil Bruselas” P.– Usted ha sido multado por participar en un escrache.
Estamos en un país curioso, ahora se notifican las multas no mediante un correo certificado o un policía que te la trae, sino desde una tertulia por televisión o una filtración a la prensa. A mí no me ha llegado nada. Pero no me impresiona. Pediré ayuda a la PAH, aunque no pertenezca, porque tiene muy buenos abogados para recurrirla. Es una falta administrativa y no puedes negarte a pagarla, porque si no te embargan directamente. Si hay que pagarla la pagaré, pero me hubiera gustado más que me hubiera llegado algo por lo penal. Porque esta multa está totalmente injustificada y si me hubiera llegado por esa vía hubiera ido antes a la cárcel que pagarla.
La multa, me han dicho, es por incitación a la violencia, manifestación no autorizada y desacato. Ninguna de las acusaciones son ciertas. Yo fui a ese escrache porque en las tertulias que participo los tertulianos de derechas se ponen las botas con estas protestas. Yo había ido a un escrache hace un tiempo y pensé que no coincidía con lo que contaban ellos. Y decidí ir a dos para verlo con mis propios ojos.

“Si no hubiera sido por las acciones de la PAH nunca se hubiera dado el paso que se ha dado en Andalucía”

Como mi mujer es la escrachera mayor de la familia fui con ella. Antes llamé a mi abogado por lo que pudiera pasar. Había unas 20 personas en la Plaza Manuel Becerra. En un momento, nos identifican a mí y a otros dos chicos. Entonces empieza la marcha y pronto me doy cuenta de que se dirige a la casa de Soraya Sáenz de Santamaría. Yo iba un poco alejado, porque era un observador, no un manifestante. Todo iba bien hasta que los activista deciden terminar e irse a su casa. Y en ese momento la Policía decide actuar y ponerse a identificar a todos. Cogían a manifestantes de uno en uno y los llevaban detrás del cordón para pedirles los datos, lo que es un grave error porque todo el mundo cree que los van a detener. La gente se pone nerviosa y los agentes sacan las porras. Me dirijo al cordón policial, hablo con el subinspector jefe y él me promete que no va a haber detenciones, pero que ha recibido la orden de identificar.
Cuando quería irme por donde había venido un policía me dice que por ahí no podía pasar. Y yo le dije: “no me toque usted”. Y volvió el subinspector para abrirme paso. ¿Que le diría yo a la delegada del gobierno? Yo también te quiero.
P.– ¿Que opinión tiene de los escraches?
En primer lugar, no me gusta el nombre. ¿Dónde pone que uno no pueda manifestarse delante de la casa de un particular? No hay ninguna ley o texto que lo diga. Pero estamos volviendo a la época del Tribunal de Orden Público.
El nombre es feo. Pero tiene tres virtudes fundamentales. Primero, señala un problema ante la opinión pública, que es lo que hace que ese problema exista, porque resistir es existir.  Segundo, señalas a la persona que puede resolver esa situación. Y tercero, la intentas convencer de que cambie su voto. Y sí, la PAH es un grupo de presión, como un lobby, que en vez de defender a la banca, los cazadores o las corridas de toros, defiende a los desahuciados.
Y por otra parte dicen que impide el ejercicio del voto en conciencia del diputado. Eso es de coña marinera. Porque siempre obedecerá, porque sino le sancionan y si lo hace mucho le expulsan del partido. Si no hubiera sido por las acciones de la PAH nunca se hubiera dado el paso que se ha dado en Andalucía.
Además, el problema del escrache es que polariza el conflicto en torno a la propia protesta y se pierde de vista la situación que la ha provocado: los desahucios. Entonces la derecha pone el grito en el cielo sobre este punto para desviar la atención de lo que está pasando.
P.– ¿Cómo valora entonces la actuación de Cristina Cifuentes?

“Los gobiernos que recurren a la represión en este tipo de contextos son unos perfectos imbéciles”

No la conozco mucho, aunque firmé su primer carnet cuando entró en AP. ¡Y qué error más grande cometí! Por lo que oigo por ahí es un personaje bastante odiado. Pero hasta ahora yo nunca había tenido un problema con ella. Además, la mayoría de gente que ha sido multada por ella luego, con los abogados de la PAH, han recurrido y han ganado. Lo que parece más bien es que alguien trata de justificar su sueldo.
Cuando yo iba en la autopistas camino de la izquierda he sido escrachado varias veces. Por cierto,  muchísimos otros que hicieron ese camino en sentido inverso nunca han tenido ningún problema.
La solución a todo lo que está pasando no es la represión. Cuidado: No hay que tratar a la gente como a perros porque si no al final termina mordiendo. Los gobiernos que recurren a la represión en este tipo de contextos son unos perfectos imbéciles. El poder económico sabe perfectamente que la situación social es insostenible, lo saben porque sus sociólogos y analistas. Les dicen que estamos al borde del estallido, como lo están Grecia y Porgual. Pero están tranquilos porque mientras el poder político ejerce la tarea del reprimir los bancos no son los represores, ya lo hacen por ellos. Aunque al final tendrán que darle un toque al poder político porque sino va a haber una revolución.

P.– Muchos le están tildando últimamente de antisistema.
A mí no me molesta. Yo les respondo: ¿Alguno de ustedes es capaz de defender este sistema de mierda? Hay gente que sigue diciendo que hay que hacer que el sistema fracase y no es así. El sistema ha fracasado ya. Nadie va a olvidar lo que está pasando ahora, nada puede funcionar así ya. Pero hasta ahora se agarran al “no hay otra solución”. Evidentemente, soluciones hay, incluso sin prescindir del capitalismo. A mí me encantaría prescindir de él, pero tampoco es necesario para salir de la crisis.

“Fraga fue un animal con muchas personas, pero no conmigo”

Lo que yo echo en cara a la izquierda es el sentimentalismo tercermundista. Es decir, cuando Inglaterra entra en el Mercado Común, después de dos vetos de De Gaulle, empieza inmediatamente a desmantelar las aduanas que protegían las fronteras hacia fuera de los países europeos. No te veías inundado por coches coreanos. Ahora el obrerito español tiene que competir con el obrerito malayo.  El problema es que tienen una diferencia de salario como de un planeta a otro. Además el malayo trabaja siete días a la semana, sin derechos y sin seguridad social. Esto provoca primero que aquí estemos inundados de productos chinos. Además, hay que vender. Al obrero español se le ha bajado el salario para que compita con el malayo, pero es imposible porque siempre ganará menos que él. Y al bajar los salarios se comprime la demanda. Y si la gente no tiene dinero para comprar se le dice “endéudate cabrón”. Y nace todo el problema.
  P.– ¿Cómo ha llegado un secretario general de Alianza Popular a participar en un escrache?
Llegué a la conclusión de que los ricos se defienden solos y los pobres no. Mi historia no es fácil de entender sin haber vivido las guerras de descolonización. Yo nací en África del Norte, donde a partir de un determinado momento los árabes empezaron con lo de “la maleta o el ataúd”. Yo sentía que esa era mi tierra y no quería irme, aunque luego me dí cuenta de que en realidad era de los marroquíes, argelinos y tunecinos y yo no tenía nada que hacer allí. Y los únicos que defendían la permanencia de esa tierra en el imperio era la extrema derecha. Entonces me hice fascista.
Pero más tarde, por los libros que había en casa de mi padrastro, que era comunista, empiezo a cambiar mis ideas. Me hice fascista en lo político y bolchevique en lo social y económico. De ahí pegué el salto al nacional-bolchevismo, que es una teoría que dice que no es posible una revolución socialista sin independencia nacional.
Más tarde, me encontré con Fraga en la Universidad. Me llamó la atención por el enfrentamiento que mantenía con el Opus Dei. En aquel momento Fraga parecía la izquierda del régimen y yo no tenía contactos con la izquierda española fuera del régimen. Trabajé con él unos años hasta que él optó por una línea más a la derecha de la que pensábamos que llevaría. A partir de ese momento tardé en irme por respeto, para que no pareciera que me iba porque habíamos perdido las elecciones. Yo tenía muchísimo afecto a Fraga. Fue un animal con muchas personas pero no conmigo.
P.– ¿Cómo ha cambiado la derecha española en estos años?
Paradójicamente, y contrariamente a lo que piensa ahora la gente, el partido está ahora mucho más a la derecha. Por dos motivos: Primero porque la gente que se ha hecho cargo del partido comparte una ideología ultraliberal que no era la de Fraga, que defendía un franquismo social. En época de Franco despedir a un obrero era un dolor de muelas para el empresario. Tampoco podías desahuciar a nadie por impago. Ahora te tiran por la ventana con el colchón.
Por otra parte, en la época en la que Fraga era el presidente y yo era secretario general me dediqué a llevar a cabo una política de depuración sistemática entre aquella gente que detectaba que era de extrema derecha. Compraba una caja de bombones y me iba a ver a las señoras de los ficheros que eran encantadoras y benévolas, y a cambio les pedía las fichas de unos cuantos. Me daban las gracias y yo iba al lavabo de la planta séptima. Y allí con un mechero me dedicaba a quemar las fichas. Pero cuando yo me fui volvieron todos en tropel. C’est la vie.
P.– ¿Qué pasa con la izquierda?
Para entendernos. Para mí el PSOE es la “izquierda”, con comillas, que le hace el juego a la derecha. La otra izquierda, la de verdad, es la izquierda sin comillas.
El problema es que mucha gente de izquierda sin comillas, por sensibilidad, tienden a sobreproteger al trabajador inmigrante en relación al trabajador local. La inmigración ha sido utilizada por el poder económico para, en ausencia de la posibilidad de una devaluación general, poder llevar a cabo una devaluación competitiva interna. Sobra un millón y medio de inmigrantes en España.
Como siempre digo a mis alumnos, y siempre se monta bronca porque la facultad de Políticas es muy roja, ¿habéis visto alguna vez a una patronal protestar contra la inmigración? No. ¿Habéis visto alguna vez a una patronal protestar contra la inmigración ilegal? Tampoco. La inmigración a quien ha beneficiado ha sido a ellos, que han mejorado sus condiciones de vida, y sobre todo al gran capital español, que se ha inflado sus beneficios a costa de pagar sueldos de miseria.
Como yo soy un lector libre y no estoy afiliado a ningún partido, me permito decir lo que pienso y lo que sé. Si les gusta bien y si no qué le vamos a hacer.
 P.– ¿Y cuál es la solución?
Cuando aquí llega un inmigrante no suele ser un vendedor de ovejas, sino un titulado universitario. Nosotros los acogemos para hacer trabajos manuales cuando además su país se ha dejado mucho dinero en formarles. Estamos vampirizando a esos países. A lo mejorcito de allí lo traemos aquí a cobrar un salario de mierda.
Lo que hay que hacer es ayudar a los países emisores para que éstos no tengan que salir. Hacer un plan Marshall. La gente se va de un país cuando éste no produce lo suficiente pueda vivir dignamente. Si no quieres que se vayan, garantízales una renta. Eso implica hacer grandes complejos económicos y financieros protegidos, que es lo que quería hacer Chávez con el ALBA, varios países que entre ellos intercambian libremente pero defendidos con aduanas respecto al exterior. Europa puede hacer un conjunto con África, Rusia con todo el Cáucaso y China tiene ya su área de influencia.
P.– Entonces, ¿qué le espera a este país en los próximos meses?
Hasta ahora tanto PSOE como PP han practicado un autismo total. Si ves las características del comportamiento de un autista verás una definición del Gobierno: no se entera de nada, no sabe como responder a los problemas, habla con un lenguaje estereotipado… En estos momentos el Gobierno está liberalmente paralizado. El foso que hay entre el país legal, que es Gobierno, y el país real es tan grande que cada vez que dicen algo ya nadie les cree.
Las políticas de austeridad nos llevan a una revolución. Esto es insostenible. Aquí hay un guerra financiera y económica entre el norte y el sur de la zona euro. Se aplica una política de índole religiosa. Merkel es hija de un pastor protestante. Y en la mente de un protestante este tipo de situaciones ocurre porque los pobres, como España, en vez de haberse comportado como hormigas lo han hecho cigarras. Eso es una culpa, y hay que expirarla. Ahora nos toca apretarnos el cinturón. Lo que pasa es que las exportaciones de coches alemanes han caído un 17% en tres meses.
Si quieres hacer una Europa entre países tan desiguales tienes que hacer transferencias, que los que más tienen den a los que menos tienen. Si no, es insostenible. La situación seguirá así hasta que alla algún susto gordo en algún país del sur de Europa.
P.– ¿Qué es una revolución en la Europa del siglo XXI?
Desobedecer. Si no puedo, no pago la autopista la hipoteca de la casa y que manden a los tanques.
Quedan muchas primaveras, veranos y otoños muy calentitos y con razón. Resistir es existir. Y si aprietan más pues habrá que morder. Si no fuera por movimientos como el 15-M aquí estaríamos ya desfilando al paso de la oca y gritando “heil Bruselas“.
P.– ¿Y la monarquía?
Todos sabían lo de Urdangarin. Éste se limitaba a hacer lo que veía en casa. Juan Carlos se reúne todas las semanas con el director del CNI, es el hombre más informado de este país, ¿cómo no iba a saber lo que hace su familia?
Yo tengo aquí una ecuación que hice un día. Aquí el sistema monárquico, que depende de la capacidad funcional de un espermatozoide y la velocidad de descenso de un óvulo. Aquí el pueblo que no pinta nada, multiplicado por el porcentaje de crédulos, partido por el porcentaje de cuerdos todo esto multiplicado por los intereses de la clase dominante. Entonces, la monarquía es un sistema de soberanía limitada. Y aquí muchos dicen también lo de que el rey protagonizó la Transición y paró el 23-F. Cuando en realidad lo preparó y le salió mal.

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