boda de los chivos

El radicalismocristiano fundado en la falsa inteligencia de esta frase: «No tenéis más que un padre y una madre, ytodos sois hermanos», dio un golpe terrible a la jerarquía sagrada. Desde entonces las dignidadessacerdotales, han sido el resultado de la intriga o del azar; la mediocridad activa ha venido asuplantar a la superioridad modesta, y por consiguiente desconocida, y, sin embargo, siendo lainiciación una ley esencial de la vida religiosa, una sociedad instintivamente mágica, se ha formadoa espaldas del poder pontifical reconcentrando en sí sola todo el del cristianismo, porque sólo ellacomprendió, bien que vagamente, el poder jerárquico por las pruebas de la iniciación y el todo poderoso de la fe en la obediencia pasiva.

AZNAR VOLVER

En cuanto nuestra voluntad se confirma irrevocablemente en una tendencia absurda, estamosmuertos, y el ataúd que habrá de recibir nuestros restos, no muy lejano.Es, por consiguiente, una verdad el decir que la sabiduría conserva la vida.El gran maestro ha dicho: «Mi carne es un aliento y mi sangre una bebida. Comed mi carne y bebedmi sangre y viviréis.» Y como el vulgo murmurase, agregó: «La carne no entra aquí en nada; las palabras que os dirijo, son espíritu y son vida.» Así quería decir: Abrevad en mí espíritu y vivid mivida.Y cuando iba morir ligó el recuerdo de su vida al signo del pan, y el de su espíritu al del vino,instituyendo de este modo la comunión de la fe, de la esperanza y de la caridad.

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Allí estaban embutidos en su elitismo heredado del franquismo, de la España más profunda y gris, no faltaba ninguno de los imputados que ahora están procesados por implicación en tramas mafiosas de presunta financiación ilegal de su partido, dinero negro, pago de favores y saqueo generalizado de las arcas públicas.


Todos reunidos luciendo sus mejores galas, los trajes caros y modelitos de alta costura en la boda de los chivos, el gran evento del régimen donde se casaba hace 11 años la hija del ex presidente Aznar, más conocido internacionalmente por ser miembro del siniestro “trío de las Azores”, junto a los presidentes de los Estados Unidos y el Reino Unido, los criminales de lesa humanidad Bush y Blair, culpables directos de la inmensa masacre humanitaria generada tras la ilegal y sanguinaria invasión de Irak, donde han sido asesinadas en pocos años cientos de miles de personas en su mayoría población civil.
La boda Agag-Aznar se celebró en el Monasterio del Escorial el 5 de septiembre de 2002, un evento de estado que contó con la presencia de los borbónicos reyes de España, jefes de gobierno como el capo italiano Berlusconi, el miembro de la mafiosa troika, en aquellos momentos presidente de Portugal, Durao Barroso, el presidente de El Salvador, Francisco Flores, y muchos miembros de la jet set, famosos de la farándula, de la prensa del corazón y como no la Iglesia Católica que apadrinó este vergonzoso fasto.
Una ceremonia que fue oficiada por el ultraderechista cardenal Antonio María Rouco Varela en medio de la solemnidad y el despilfarro, bajo la atenta mirada de los asistentes y de personajes ahora metidos hasta el cuello en procesos judiciales por corrupción, elementos de cuidado como el multimillonario tesorero del PP Luis Bárcenas, los jefes de la red Gürtel Francisco Correa y Álvaro Pérez “El bigotes”, el marido de la ministra de sanidad Ana Matos, un tal Jesús Sepulveda, ex alcalde del PP del municipio madrileño de Pozuelo de Alarcón, entre otros compadres y comadres del sobre y la prebenda.
Ahora resulta que la celebración de esta boda fue pagada por la trama Gürtel, según recoge la documentación incorporada al sumario del caso que se instruye en la Audiencia Nacional. Una documentación incautada por la Unidad de Delincuencia Económica y Financiera (UDEF) de la policía, hace ya más de dos años, en una nave que utilizaba esta red corrupta para guardar materiales diversos.
Dos años después llega a la opinión pública este nuevo pelotazo, haciendo que millones de personas nos enteremos, nos asombremos de que este fiestorro exclusivo para ricos, que fue celebrado a lo grande en la macro finca de un amigo de Aznar, denominada “Los Arcos del Real”, fue cubierta con 32.452 euros de dinero mafioso.
La contabilidad de esta pandillera red delictiva refleja la facturación de los gastos ocasionados del bodorrio con perdida en negativo, a diferencia de otros estadillos contables, donde la trama Gürtel anotaba el coste real de los servicios que subcontrataba junto al importe que imponía a sus clientes y los beneficios conseguidos.
En esa documentación se observa que la empresa de Correa y “El bigotes” se hizo cargo de una serie de servicios de la celebración (parking, acreditaciones, alojamientos técnicos, andamios, generadores, iluminación…), por supuesto sin cobrar a los novios por ello.
Resulta cuanto menos surrealista que una boda tan mediática y vendida como el acontecimiento del año, se convierta ahora en un tinglado que refleja la podredumbre moral de la casta que dirige este saqueado país.
Estos mismos que van presumiendo de entrega y plena dedicación al servicio público pusieron la mano para el sobre, para vivir a lo grande, por el lado más bestia, como verdaderos marajás, mientras el pueblo pasa hambre y miserias, con cifras de desempleo históricas que baten todos los récords del despropósito, la insensibilidad social y la nefasta gestión política.

Francisco González Tejera / Viajando entre la Tormenta

En ocasiones anteriores ya he hablado aquí del notable interés que manifestaron numerosos personajes poderosos como Felipe II, el emperador Rodolfo II o la reina Cristina de Suecia, entre otros, por cuestiones “ocultas” o esotéricas, y cómo dichos intereses propiciaron la creación de hermosas y singulares obras de arte.
La obra que quiero compartir con vosotros (la tenéis un poco más abajo) es un grabado realizado por el artista Hans Burgkmair el Viejo (1473-1531), contemporáneo de Durero. Dicha obra lleva el sugerente título de El deseo del Rey Blanco por aprender las artes oscuras, y lo más sorprendente de todo es que el citado “rey blanco” (Weiss Kunig, en alemán), no es otro que el emperador Maximiliano I. El grabado, cuyo simbolismo explicaré un poco más abajo, es uno de los cientos que aparecen en el libro Der Weisskunig (El Rey Blanco), una biografía del propio Maximiliano escrita por Marx Treitzsaurwein –siguiendo dictados del emperador– cuyas dos primeras partes están dedicadas a relatar la vida de sus padres, así como su propio nacimiento y educación, desde la infancia hasta la juventud. Esta voluminosa obra tenía también una tercera parte que relataba la vida política de Maximiliano, y su contenido fue personalmente dictado por el monarca. Además, la obra está decorada con numerosos grabados, obra de Leonard Beck, Hans Schäuffelein, Hans Springinklee y el citado Burkmair.

Hans Burgkmair
El deseo del Joven Rey Blanco por aprender las artes oscuras. (Imagen: Kintzertorium / Flickr)

Volviendo a la obra que nos interesa, el grabado de arriba, pertenece concretamente a la segunda parte de la biografía, la dedicada a la educación del joven Maximiliano. En el centro de la imagen aparece el futuro emperador, acompañado por un clérigo que le muestra un libro abierto.Flanqueándolos, destacan cuatro figuras. A la izquierda, una mujer vieja, con una bolsa en una de las manos, sostiene penosamente en su espalda la figura monstruosa de un pequeño demonio. En la derecha, un monje con un libro bajo el brazo y, sobre él, surgiendo entre las nubes, aparece la figura de un ángel. La parte superior, como podéis ver, está ocupada por el firmamento nocturno, cuajado de estrellas. Curiosamente, de dos de ellas cuelgan sendos libros, sostenidos por cadenas.
Teniendo en cuenta el título del grabado y la curiosa escena que acabo de mencionar, podría pensarse que Maximiliano está siendo aleccionado en los secretos de la magia negra. Sin embargo, el verdadero mensaje es muy diferente, tal y como se explica en las propias páginas del libro. En realidad, la intención de la obra de Burgkmair era igualar al joven emperador con Cristo pues, al igual que éste, habría sido “tentado por el diablo”, en su caso a través de un inicial interés por las artes oscuras, de moda en la época. Así, las figuras de la izquierda (viaje/bruja y demonio) son el símbolo del mal, mientras que las de la derecha (monje y ángel), representan al bien. Los dos libros, sostenidos por arte de magia desde las estrellas, contienen los saberes ocultos (y contrarios a la fe cristiana) de las artes oscuras. El texto del capítulo que decora este grabado aclara que el joven Maximiliano logra rechazar la tentación del diablo, venciendo así al mal.

Páginas iniciales de Der Weisskunig.
Páginas iniciales de Der Weisskunig.

Aunque el ejemplo anterior deja claro el rechazo del monarca hacia la brujería y la magia negra, lo cierto es que Maximiliano, al igual que otros muchos personajes poderosos de su tiempo (eclesiásticos incluidos) se dejó seducir por otras prácticas poco ortodoxas, y de forma especial por la astrología. A lo largo de su vida, el emperador manifestó en varias ocasiones su certeza de que la disposición de los astros en el horóscopo de su nacimiento no era demasiado favorable, aunque por fortuna este aspecto negativo había quedado, según creía, atemperado por la benevolencia de la “providencia divina”.
Este interés del emperador por el influjo de los astros queda de manifiesto en otros dos grabados de Burgkmair, también incluidos en Der Weisskunig. De uno de ellos, titulado precisamente Cómo el Joven Rey Blanco aprendió el arte de la astrología (correspondiente al capítulo 22), no he encontrado por desgracia una imagen de buena calidad. De todos modos, y por su interés, incluyo aquí una versión en tamaño reducido.

Cómo el Joven Rey Blanco aprendió el arte de la astrología.
Cómo el Joven Rey Blanco aprendió el arte de la astrología.

El segundo, en el que se muestra el nacimiento del futuro monarca –en este caso si contamos con una imagen mayor–, evidencia de nuevo su interés por dicha disciplina. En el grabado, correspondiente al capítulo 14, como podéis ver un poco más abajo, aparece una mujer (probablemente una niñera), sosteniendo en sus brazos al recién nacido. Sobre ambas figuras descubrimos otra vez un cielo estrellado, pero en esta ocasión hay otro detalle que llama la atención: la Luna y tres estrellas emiten un curioso resplandor que desciende hasta las dos figuras, dando a entender el influjo que los astros ejercen sobre el recién nacido.

Der Weisskunig, capítulo 14.
Der Weisskunig, grabado para el capítulo 14.

En lo que respecta al artista, Burgkmair, hay que señalar que estas no son las únicas obras en las que abordó temáticas “mágicas” o “esotéricas”. Otros de sus grabados muestran también escenas de brujería, magia o temas macabros. Pero eso ya es otra historia…
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-Puertas Mágicas
-Melancolía I, de Durero

Las operaciones mágicas son el ejercicio de un poder

La mayor parte de los rituales mágicos conocidos son: o mixtificaciones o enigmas. Nosotrosvamos a descorrer por vez primera, después dé tantos siglos, el velo del oculto santuario. Revelar lasantidad de los misterios es remediar su profanación. Tal es la idea que mantiene nuestro valor ynos hace afrontar todos los peligros de esta obra, la más audaz, tal vez, que haya sido dable concebir y realizar al espíritu humano

.Las operaciones mágicas son el ejercicio de un poder, natural pero superior alas fuerzas ordinariasde la Naturaleza. Son el resultado de una ciencia y de una costumbre que exaltan la voluntadhumana por encima de los límites habituales.Lo sobrenatural no es otra cosa que lo natural extraordinario, o lo natural exaltado; un milagro es unfenómeno que asombra a las muchedumbres por lo inesperado; lo maravilloso es lo que maravilla, osea, los efectos que sorprenden a los que ignoran las causas, oque les asignan causasdesproporcionadas a los resultados. No hay milagros más que para los ignorantes; pero como nohay ciencia absoluta entre los hombres, el milagro puede, no obstante, existir para todo el mundo
castidad

En su carrera post-mortem hacia la santidad, Wojtyla va a anotarse un segundo milagro sin que todavía esté muy claro el primero. Los incrédulos dicen que ese primer milagro certificado (la curación de una mujer que padecía Parkinson) quedó invalidado ante la evidencia de que luego Juan Pablo II no pudo curarse el Parkinson a sí mismo. Un argumento absurdo y que demuestra escasa teología, pues los santos no barren para casa. Además un milagro consiste precisamente en la vulneración de las leyes naturales, una intromisión directa de Dios en los planes terrenales. Es decir, que una cosa es que el Papa hiciera un milagro y otra muy distinta que montara una clínica.
Es verdad que como prueba de santidad lo del Parkinson no parece gran cosa. Antes los santos rescataban moribundos de la agonía, reconstruían de la nada miembros amputados e incluso resucitaban muertos si hacía falta. Ahora es poco más o menos como si dijeran que Wojtyla había curado una gripe, que en vez de nombrarle santo tendrían que darle su nombre a un antihistamínico o a una versión polaca del Frenadol. En cualquier caso, los especialistas del Vaticano han decidido guardar el segundo milagro bajo llave. A lo mejor el segundo milagro es que colara el primero. También podría ser una variante de aquel misterio de Fátima que profetizaba la conversión de Rusia y que Wojtyla organizó entre los astilleros de Gdansk y el santuario de Chestokova.
De todas formas, con mucho menos que eso, San José María Escrivá de Balaguer se convirtió en el santo más rápido de la historia sagrada. Lo canonizaron a toda hostia, nada más que con un par de curaciones, la fundación del Opus Dei y unas gafas. Los santos del siglo XXI corren que se las pelan: ni siquiera hizo falta que fundara el Opus Night. No obstante el papa Francisco ha batido todos los records al decapitar él solo, casi sin despeinarse, la cúpula completa de la Banca Vaticana. Sólo con ese tanto en su haber, un revival de la expulsión de los mercaderes del templo, tendrían que nombrarlo santo en vida.
Los evangelistas no dedicarían ni un versículo al milagro del Parkinson, menos aún una nota a pie de página a Escrivá de Balaguer. En cambio, a Bárcenas, para salir de secundario entre los apóstoles, no le faltan más que las sandalias. Jesucristo, en sus mejores momentos, parecía una precuela del Gürtel: mutaba el agua en vino igual que Correa organizaba juergas y multiplicaba panes y peces con la misma facilidad que capitales Bárcenas. Amasar treinta y tantos millones de euros de la nada (sin contar los que quedan por aparecer) sí que es un milagro marca España. De momento, la entrada del ex tesorero en Soto del Real ha sido como el Domingo de Ramos. No lo canonizan porque, según se viera coronado, San Luis trincaría el halo de santo y lo encestaría en una peineta.