El Primer Reich-La coronación de Carlomagno

El Primer Reich:
La coronación de Carlomagno en el día de la navidad del año 800 de nuestra era señaló el nacimiento de un Imperio que duró, de nombre al menos, más de 1,000 años. Pretendía rememorar el gran Imperio de Occidente de los antiguos césares. La condición de Emperador llevaba consigo la noción de un gobierno Universal sobre toda la cristiandad latina y Carlomagno había gobernando la mayor parte de Europa Occidental.
Los emperadores posteriores no fueron tan poderosos, de hecho el Imperio estuvo a punto de hundirse 100 años después de Carlomagno, pero fue restaurado en 962, al ser coronado Otón I emperador en Roma. A partir de entonces la corona imperial adorno casi siempre la cabeza de los soberanos alemanes y sus territorios se localizaron en lo que hoy es Alemania, los Países Bajos y el norte de Italia. Nunca se volvió a incluir a Francia, corazón del imperio carolingio. En el siglo XIII el emperador era conocido como “sacro, emperador romano”, Sacro, para subrayar el carácter sagrado de su majestad y romano porque pretendia estar reviviendo el imperio romano clásico.
En el curso de los siglos se convirtió en poco más que un nombre.
Napoleón que se había coronado emperador de los franceses y no quería rivales, obligó al sacro emperador romano Francisco II a abandonar su titulo en 1806.
El segundo Reich.
El Reich, (palabra alemana que significa imperio), de los mil años había terminado, pero seguía vivo el sueño de un imperio europeo de la envergadura del de Carlomagno. Con Prusia a la cabeza fue inaugurado en 1871, y se hundió con la derrota alemana al término de la Primera Guerra Mundial, en 1918.
El tercer Reich.
Inspirado por Hitler, duró sólo 12 años a pesar de su jactancia de que duraría mil.
Espero te sea de utilidad. Saludos

Todas las religiones han conservado el recuerdo de un libro primitivo escrito en figuras por lossabios de los primeros siglos del mundo, y cuyos símbolos, simplificados y vulgarizados más tarde,han suministrado a la Escritura sus letras, al Verbo sus caracteres, a la Filosofía oculta sus signosmisteriosos y sus pantáculos.Este libro, atribuido a Enoc, el séptimo maestro del mundo, después de Adám, por los hebreos: aHermes Trismegisto, por los egipcios; a Cadmo1el misterioso fundador de la Villa Santa, por losgriegos; era el resumen simbólico de la tradición primitiva, llamada después Kábala o Cábala, deuna palabra hebrea, que es la equivalente a tradición.Esta tradición reposa por completo en el dogma único de la magia; lo visible es para nosotros lamedida proporcional de lo invisible.

Así, pues, los antiguos, habiendo observado que el equilibrioes, en física, la ley universal y que resulta de la oposición aparente dedos fuerzas, dedujeron delequilibrio físico, el equilibrio metafísico, y declararon que en Dios, es decir, en la primera causaviviente y activa se debían reconocer dos propiedades necesarias e inherentes launa a la otra; laestabilidad y el movimiento, la necesidad y la libertad, el orden racional y la autonomía volitiva, la justicia y el amor, y, por consecuencia también, la severidad y la misericordia, y son estos dosatributos los que los cabalistas hebreos personifican de algún modo bajo los nombres de Geburah yde Chesed.

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La Infanta Cristina, concretamente su desimputación, es la noticia principal este 8 de mayo de 2013. Recule por parte del Juez Castro y nos temenos que nos queda mucho por ver en este particular caso de corrupción de los “intocables

La princesa Leia, líder del movimiento rebelde que desea reinstaurar la República en la galaxia en los tiempos ominosos del Imperio, es capturada por las Fuerzas Imperiales, capitaneadas por el implacable Darth Vader, el sirviente más fiel del Emperador. El intrépido y joven Luke Skywalker, ayudado por Han Solo, capitán de la nave espacial “El Halcón Milenario”, y los androides, R2D2 y C3PO, serán los encargados de luchar contra el enemigo y e intentar rescatar a la princesa para volver a instaurar la justicia en el seno de la galaxia. (FILMAFFINITY

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Alarico saquease Roma?”

Después del maravilloso asno de oro de Apuleyo, no encontramos más epopeyas mágicas. Laciencia vencida en Alejandría por el fanatismo de los asesinos de Hipatia, se hace cristiana, o más bien, se oculta bajo los velos cristianos de Ammonio, Sinesio y el anónimo autor de los libros deDionisio el Areopagita. En ese tiempo era preciso hacerse perdonar los milagros por las aparienciasde la superstición y la ciencia por un lenguaje ininteligible. Se resucitó la escritura jeroglífica y seinventaron los pantáculos y los caracteres que resumían toda una doctrina en un signo, toda unaserie de tendencias y de revelaciones, en una palabra. —

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Marc Rousset.- Esta es la pregunta: “¿Estamos viviendo en el año 370 dC, 40 años antes de que Alarico saquease Roma?”. O “¿Vivimos en el año 270 dC, poco antes de las drásticas medidas correctivas de los emperadores ilirios (*1), que se apartan de la catástrofe, para prolongar la vida del imperio durante otros dos siglos?
¿Por qué la comparación? Hoy en día, la tasa de natalidad de los no europeos en Francia es del 17%. Si las cosas no cambian, con los 250.000 nuevos inmigrantes por año de la época Sarkozy, o los  450.000 de los socialistas,  este porcentaje se elevará al 30% en el año 2030, y en el 2050 será de un 50%! El punto de inflexión de este cataclismo sociológico ya está prácticamente conseguido. Sin una acción drástica, el cáncer en nuestra sociedad crecerá a un ritmo exponencial que inevitablemente culminará en una ineludible guerra civil étnica.
El éxito del libro de Thilo Sarrazin en Alemania (1.000.000 de copias vendidas hasta hoy), muestra que, contrariamente a lo que nuestros ingenuos paladines de los derechos humanos afirman, el problema es muy real y amenaza la supervivencia de nuestras sociedades. Auguste Comte, dijo: “Saber para prever y prever para actuar”. La verdad es que si ayer Francia perdió su imperio, hoy se encuentra en proceso de perder su lengua, su civilización, su industria, su soberanía y su población.
Más allá del peligro que representa la inmigración del Tercer Mundo, es el egoísmo materialista e individualista de nuestra generación, lo que ha llevado a los franceses a pedir de manera irresponsable préstamos, y a una política de tierra quemada, cortando sus árboles frutales para hacer leña, y a sacralizar los derechos adquiridos en lugar del Espíritu Santo.
Es difícil entender lo que está ocurriendo hoy en día, si no se sabe nada de la disolución del mundo romano, que nos advierte de lo que viene. En el momento de la caída de Roma, los bárbaros estaban en el interior de los muros mientras que sus hermanos estaban sitiando lasn murallas de la ciudad.
El hombre europeo se suicida demográficamente, se refugia en el frenesí de un bienestar individualista y materialista, no ve la catástrofe que se avecina y está convencido de que su vida ordinaria y trivial va a durar para siempre. Nuestras llamadas élites son tan ciegas como Amiano Marcelino, quien en el año 385, escribió en el libro XIV de su “Historia”, “Roma está destinada a vivir siempre y cuando haya gente”. ¡Veinticinco años después, Alarico saqueó la Ciudad Eterna!
El paralelismo entre nuestra época y el final del Imperio Romano son evidentes en los valores sociales que sostenemos, en la primacía que le atribuimos al dinero, la inmigración, la decadencia demográfica, la falta de voluntad para asumir nuestra propia defensa, y, por último, en la irrupción del cristianismo, que se puede comparar a la nueva religión de los derechos humanos.
Napoleón dijo: “La primera de todas las virtudes es la devoción a la patria.” Ahora estamos muy lejos de tales virtudes, es decir, los patriotas heroicos nos parecen cada vez más anacrónicos. Los estudiantes ya no estudian la poesía de los grandes clásicos franceses, sino que son ignorantes, incultos ¡y se manifiestan a favor de su jubilación! Los romanos nunca tenían que temer, siempre y cuando tuviesen dignitas (honor), virtus (coraje y convicción), pietas (respeto de la tradición) y gravitas (deber y seriedad). De acuerdo con la pietas, todo ciudadano estaba perpetuamente en deuda con sus antepasados, y esto le hacía menos interesado en sus derechos que en su deber de transmitir el patrimonio adquirido. La pietas imbuía a los romanos la energía para perpetuarse y sobrevivir. Al final del Imperio, los romanos habían perdido todas estas cualidades.
Los romanos también conocieron el poder del dinero, una sociedad de mercado sin patriotismo, en la que cada uno pensaba sólo en mejorar su propia situación. Los funcionarios eran corruptos. Incompetentes bien relacionados eran trasladados a los puestos clave. Había una escasez general de reclutas para el ejército, ya que los representantes de la aristocracia romana obtuvieron el privilegio fiscal de poder dispensar, por un precio irrisorio, sus dominios de toda leva de reclutas.
Los generales aceptaban acudir a defender una ciudad sitiada sólo a cambio de un rescate. Los soldados en los fuertes fronterizos se dedicaban a la agricultura y al comercio más que al manejo de las armas. Las tropas regulares se entregaban a menudo a las borracheras, a la indisciplina y al pillaje para mantener a sus familias. Los soldados a veces eran incluso víctimas de las prevaricaciones de sus jefes.
Los romanos progresivamente abandonaron todo esfuerzo para defenderse de los bárbaros, lo que habría implicado la movilización de la población local. La creación de una milicia de autodefensa era extremadamente rara. El Imperio ya no tenía ciudadanos-soldados, porque la milicia se había convertido en un negocio para profesionales. Los representantes de la clase dominante se daban a la fuga antes de que los bárbaros llegasen o bien colaboraron con ellos. Los habitantes de la ciudad fortificaban sus murallas, pero se rendían en cuanto los bárbaros les prometían perdonarles la vida.
Hoy en día, en Francia, el presupuesto de Defensa, que era del 5,1% del PIB en tiempos del general de Gaulle, se encuentra ahora en un 1,8 % y tiende hacia el 1,5 %. La Francia de Sarkozy se ha unido a la OTAN, pero ya no habla del “pilar europeo de defensa” y menos aun del famoso Cuartel General Europeo en Bruselas.
El 90% de los regimientos han sido disueltos y las fuerzas armadas francesas carecen de los hombres necesarios para restablecer el orden si labanlieues”(suburbios de inmigrantes) explotan. La inmigración extraeuropea le cuesta al Estado Francés 36 mil millones de euros al año, pero ni siquiera puede reunir 3 mil millones de euros para un segundo portaaviones a pesar de las numerosas averías y problemas de mantenimiento del portaaviones Charles de Gaulle. Francia renuncia cada vez más de manera indigna a su propia defensa. Sin embargo, Julien Freund nos recordó que una civilización nunca debe renunciar a su defensa militar. Toda la historia desmiente esa ilusión”.
Atenas no era sólo la casa de Sócrates y Fidias, era también una fuerza militar cuya reputación fue mantenida por genios estratégicos como Milcíades, Cimón y Temístocles” (Julien Freund, “La Decadence”, Paris , Sirey, 1982). Roma, como hoy Europa, padeció el declive demográfico.
El historiador Pierre Chaunu ha llamado la atención apasionadamente sobre esta situación frente a nuestra indiferencia. Un descenso de la natalidad es una señal de que se renuncia a la vida para gozar del presente por miedo al porvenir. Esta es la expresión de la negativa a defender los valores de la civilización a la que se pertenece. “La feliz Campania (cerca de la moderna Nápoles), que nunca vio a un bárbaro”, se lee en el Theodosianus Codex (Codice de Teodosio), “tenía más de 120,00 hectáreas donde no había ni una choza ni un hombre” (Michel de Jaeghere, Le Choc des civilisations, capitulo “Comment meurt une civilization” París, Eds. Contretemps 2009). Si la población de la Roma de Augusto estuvo cerca de los 70 millones, ya no eran más de 50 millones a finales del siglo III.
Los romanos también experimentaron la devastación de una política migratoria sin sentido con el pillaje de Italia por las tropas de Alarico, y sobre todo a raíz del desastre de Adrianópolis, que fue una derrota más desastrosa que la victoria de Aníbal en Cannas. Los soldados y oficiales bárbaros de las legiones romanas eran incapaces de resistirse a la llamada de la sangre cada vez que sus compatriotas salían victoriosos en suelo romano. Las tropas de Alarico nunca dejaron de ver acudir a ellas colonos de origen germánico, prisioneros de guerra, esclavos fugitivos. El colmo de esta política migratoria fue el desastre del Ejército Romano de Oriente en Adrianópolis en agosto del año 378.
En el año 375, los godos, por la presión de los hunos, fueron empujados a las orillas del Danubio, donde su jefe, Fritigernus, rogó a los romanos el permiso para poder cruzar el río a fin de establecerse pacíficamente en tierras del Imperio. El imprudente emperador de Oriente, Valente, miraba a los godos como posibles reclutas mercenarios para sus propios ejércitos, aunque algunos oficiales romanos le advirtieron que eran en realidad invasores y debían ser aplastados. “Estos críticos”, nos dice Eunapius , “fueron objeto de burlas por no saber nada de los asuntos públicos”. Los godos cruzaron el río en un desorden indescriptible y sin las debidas precauciones de los romanos, que dejaron que esta multitud extranjera se agrupara con sus mujeres y sus hijos. En el invierno del año 377 despedazaron a las tropas romanas que los custodiaban, llevándose sus caballos y armas. Las tropas mercenarias en las cercanías de Adrianopolis se unieron a los rebeldes godos.
En el año 378 el emperador Valente movilizó a su ejército contra ellos. Pero una vez que se hubo establecido en un campamento en las afueras de Adrianópolis, fue rodeado por los godos, y menos de un tercio de los soldados romanos lograron escapar del aniquilamiento. Valente fue quemado vivo, atrincherado en una granja, donde se había refugiado. El mito de las invencibles legiones romanas había encontrado su fin. Roma entró en agonía. Esta durará 100 años.
Bizancio, la mitad oriental del Imperio Romano, que habría de durar mil años mas, aprendió rápidamente estas lecciones y masacró a todos sus soldados de origen godo. Durante el siglo V, el ejército bizantino fue purgando sus filas de bárbaros. A partir de entonces los elementos autóctonos fueron siempre preponderantes en los ejércitos de Bizancio.
Voltaire se preguntó por qué los romanos del Bajo Imperio fueron incapaces de defenderse contra los bárbaros, mientras que habían triunfado en la República sobre los galos y los cimbrios. La razón, según él, era la penetración del cristianismo, incluyendo su impacto sobre los paganos y cristianos. Entre estos efectos, mencionó el odio a la religión antigua por parte de la nueva, las disputas teológicas que sustituyeron a las preocupaciones defensivas, las peleas sangrientas provocadas por el cristianismo y la suavidad que reemplazó los viejos valores austeros, los monjes que suplantaron a los campesinos y soldados con las discusiones vanas teológicas que tuvieron prioridad sobre la defensa ante las incursiones bárbaras, la fragmentación decisiva del pensamiento y la voluntad. “El cristianismo ganó los cielos, pero perdió el Imperio” (Julien Freund, “La Decadence”, Paris , Sirey, 1982).
Símaco es famoso por haber protestado públicamente, cuando los cristianos, apoyados por el emperador Teodosio, quitaron la estatua y el altar de la Victoria del Senado en el año 382. Uno no puede dejar de pensar también en las predicciones recientes de Jean Raspail en “El Campamento de los Santos”, que critica tanto a la Iglesia Católica como a la nueva religión de los derechos humanos por la ceguera de Europa y la irresponsabilidad frente a los peligros que supone la inmigración extraeuropea.
A fin de no experimentar la misma suerte que el Imperio Romano, Francia, al igual que la mayoría de los países de Europa Occidental, a falta de una Juana de Arco o de emperadores ilirios, necesitan hoy en día un nuevo De Gaulle o un nuevo Putin.
(*1) http://es.wikipedia.org/wiki/Emperadores_ilirios

¿Cuál era el fin de los aspirantes a la ciencia?Buscaban el secreto de la gran obra o de la piedra filosofal, o el movimiento continuo, o lacuadratura del circulo, o la medicina universal, fórmulas que los salvaba con frecuencia de la persecución y del odio haciéndolos tildar de locura, fórmulas que manifestaban cada una de por sí,una de las fases del gran secreto mágico como lo demostraremos más tarde.

"Las Navas de Tolosa

rajoy salta sobre
Conferencia en Sevilla el 30 de Mayo de 2.011 (Festividad del Rey San Fernando), por el escritor y periodista Enrique de Diego, autor del libro “Las Navas de Tolosa” y del profesor Guillermo de Rocafort (especialista en el estudio de la Historia de los Almogávares), organizado por las Asociaciones Culturales “Ademán” y “Fernando III el Santo”. En Conmemoración del 800º Aniversario de la Batalla de las Navas de Tolosa del 16 de Julio de 1.212. En dónde todos los reinos hispánicos cristianos unidos derrotaron a los Almohades, sentando un hito fundamental de la Reconquista de España para la Cristiandad. batalla tras la cual se permitió la posterior reconquista de todo el Valle del Guadalquivir.

www.ivoox.com/800-aniversario-batalla-navas-audios-mp3_rf_1259567_1.html

Hace un par de días aparecía la siguiente noticia en los medios de comunicación que hace bueno aquello de que “un mentira repetida 1.000 veces se convierte en verdad”. Nuestra solidaridad con Sergio R.M.
Agentes de la Policía Nacional detuvieron a Sergio R.M. por “colocar carteles y pegatinas sobre inmuebles urbanos a modo de graffiti con leyendas insultantes”. Como resultado del registro en su domicilio se le incautó numeroso “material subversivo” consistente en pancartas y pegatinas como “Europa para los europeos”.
Cristina Cifuentes, ha felicitado a la Policía por esta detención.
Desde aquí toda nuestra solidaridad y nuestra más severa repulsa, hacia aquellos que pretenden callarnos esgrimiendo palabras como libertad y democracia, añadiendo otro nuevo preso del “libre pensamiento”.
Desde aquí nuestro propósito de seguir haciendo y colocando en las calles toda la propaganda que podamos “subversiva” e “insultante” para este sistema putrefacto.
Desde aquí nuestra denuncia a los medios de comunicación y a la policía por mentirosos, por inventarse las riñas y las pintadas antisemitas.
Desde aquí nuestro más absoluto desprecio tanto a los juntaletras de los periodistas como a los juntaletras de los borregos que creen a pies juntillas todo lo que los primeros vomitan.
Y por último, nuestra solidaridad con Sergio R.M., nuestras felicitaciones y nuestro agradecimiento por haber sido capaz de mantener un blog tan interesante y atractivo en mitad de esta caza de brujas.
Patriotas.es

Enrique de Diego.- Esperanza Aguirre se ha puesto a hablar de regeneración democrática y ha aseverado que “ha llegado el momento de la regeneración”. Llevo décadas propugnándola, así que es una pequeña alegría está aportación al conocimiento de marca, aunque la primera medida necesaria para la regeneración es que Esperanza Aguirre se vaya de una vez y de verdad. Esperanza Aguirre lleva toda una vida en la política y nunca ha regenerado nada, ni lo más mínimo. Ha tenido, ciertamente, muchas oportunidades. Ha tenido la carrera de una política profesional de la más notoria partitocracia. Ha sido concejala, teniente de alcalde, ministra de Educación, presidenta del Senado y presidenta de la Comunidad de Madrid. No se le conoce ni una sola medida que resulte equivalente o relacionada con el concepto regeneración. Ha abundado en la retórica, nada más.
No considero, por lo demás, una postura inteligente dimitir, por supuestos motivos personales inexistentes, para evadirse de las consecuencias de su gestión. Me parece más bien un gesto de cobardía. Quien se deje engañar por este tipo de añagazas hace tiempo que abjuró de la racionalidad y del espíritu crítico. No es de recibo haber hecho campaña tras campaña inaugurando hospitales para luego cerrarlos. No es que Esperanza Aguirre no fuera consciente de que no lo estaba haciendo bien: mientras recorría el último que inauguró, el de Torrejón de Ardoz, iba preguntando y preguntándose, con donaire y cinismo, “quién va a mantener esto”. Lo relatan las crónicas.
Es conocida la infinita sed de venganza que Esperanza Aguirre tiene respecto a Mariano Rahoy, así que su llegada a las huestes regeneradoras entraña un efecto boomerang y tiene un alto contenido estratégico para afearle a Mariano la corrupción. El PP no sólo es una cloaca, también es un gallinero, con profundas divisiones y odios cainitas. Pero, para desmemoriados o ignorantes, que cada vez son menos, hay que decir que la trama Gürtel, la corrupción en gran escala dentro del Partido Popular, surgió en el ámbito del esperancismo, entre sus adictos y protegidos. La trama Gürtel surgió con epicentro en la zona norte de Madrid, en ayuntamientos como Pozuelo de Alarcón, Boadilla del Monte y Majadahonda, a los que habría que añadir Las Rozas, Guadarrama, Galapagar, etc., también infectados de corrupción, aunque menos publicitada.
Todos esos alcaldes corruptos, empezando por Jesús Sepúlveda, el ex de Ana Mato, el del jaguar y los confetis, los puso Esperanza Aguirre, con el beneplácito de José María Aznar, y con los amaños burocráticos internos de Cristina Cifuentes. La trama Gürtel, que es la trama PP, se extendió desde Madrid a Valencia y Baleares y Castilla-La Mancha y por todo el partido. Puede enfadarse José María Aznar, en su pérdida del sentido de la realidad, pero todos hemos visto a Francisco Correa y Álvaro Pérez en la boda escurialense. Añádase a toda esta ponzoña, el tamayazo o los dineros destinados a su protegido Jiménez Losantos a través de Alberto Dorrego, el abogado de Eius Abogados, despacho de la trama y del ex ministro José María Michavila, para que el afán regenerador de Esperanza Aguirre resulte tan vomitivo como contraproducente. Los actos electorales de Esperanza Aguirre eran pagados por la trama Gürtel e incluso por el empresario alicantino Enrique Ortiz.
Lo que ocurre es que el sistema y la casta, y Esperanza Aguirre no es otra cosa que puro sistema y pura casta, cuando empieza a crecer una demanda en la sociedad procuran de inmediato anegarla y asfixiarla en carretadas de verborrea, para que los incautos piensen que el sistema y la casta son sensibles y pueden regenerarse, lo cual es falso, y lo demuestran cuatro décadas de insensibilidad y desastre, porque, como ya hemos visto, Esperanza Aguirre ha tenido responsabilidades para hacer algo y nada ha hecho.
Así que lo positivo es que la regeneración es el nuevo consenso social, el ansia de la sociedad civil y las clases medias, y de ello me congratulo después de décadas de dura y esforzada lucha. Puse en circulación ese concepto y ha prendido. Y lo negativo es que Esperanza Aguirre sigue dando la murga en su papel desmerecido de perro del hortelano que sólo deja comer al corrupto de Ignacio González, con su ático de Estepona, que es una mordida como un castillo. El entorno de Esperanza Aguirre ha sido tan putrefacto que se espiaban unos a otros para quitarse los maletines. Aquí nos conocemos ya todos y Esperanza Aguirre está para el retiro y para pedir perdón.

los protectores de la sangre real

Para esta edición de “Dimensión Límite”, y en estas fechas tan especiales, nos adentramos en el origen de n uestras creencias. Profundizamos en la biografía más oculta del Dios al que veneraba Jesucristo. ¿Por qué creemos lo que creemos?

¿Quién fue Yahveh? ¿Cómo paso de ser un simple dios tribal a convertirse en la deidad más importante de Palestina? ¿Fue producto de una hábil maniobra política? ¿Estuvo Yahveh casado? ¿Es verdad lo que de él dice la Biblia o estamos ante un texto manipulado? ¿Cuál es el origen del demonio? ¿Y de los ángeles? ¿Del alma humana y de la idea de inmortalidad?

Todas estas preguntas y muchas más serán contestadas por Antonio Piñero, catedrático emérito de Filología Griega en la Universidad Complutense de Madrid y uno de los mayores expertos mundiales en el conocimiento de la Biblia y el Cristianismo Primitivo.

A continuación, recuperamos una dramatización interpretada por David Cuevas y Juan José Sánchez-Oro en la que se recrea un momento insólito de la historia del cristianismo: la elaboración del evangelio de la infancia según San Mateo. El verdadero origen de la Navidad ¿Realidad o ficción? Solo diremos que está basado en datos reales.

Finalmente, nuestra compañera Lourdes Gómez abre su “Biblioteca de Babel” y comparte con todos nosotros cuatro obras clásicas de la ufologia española. Unos libros imprescindibles que conviene no olvidar y a los que nos acerca Lourdes con todo lujo de detalles.

Dirige, presenta y produce: David Cuevas
Co-presenta: Juan José Sánchez-Oro.

El 3 de octubre de 1932, cuatro años después de la fundación del Opus Dei, san Josemaría inició unos días de retiro en Segovia. Entonces, el Fundador percibió con claridad cómo participarían en la Obra mujeres y hombres con todo tipo de situaciones personales y profesionales. En aquel momento recibió la moción de encomendar a los arcángeles las obras de apostolado que desarrolla el Opus Dei.

Opus Dei -

San Miguel

El “príncipe de la milicia celestial” aparece en diferentes pasajes bíblicos, y es ahí donde se relata su lucha contra los demonios: «Entonces se libró una batalla en el cielo: Miguel y sus Ángeles combatieron contra el Dragón, y este contraatacó con sus ángeles, pero fueron vencidos y expulsados del cielo» (Ap 12, 7-8).

Es el abanderado de los ángeles buenos en la lucha contra el diablo y sus demonios, que tratan de seducir al hombre para vengar su caída. Como aparece en el relato del Apocalipsis, san Miguel es protector del nuevo pueblo de Dios: la Iglesia.

A san Miguel fue encomendada la formación de los Numerarios y Agregados, fieles de la Obra que viven el celibato apostólico.

Opus Dei -

San Gabriel 

En una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, el ángel Gabriel transmitió a la Virgen María y al mundo la gran noticia de la historia:

«¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo (…) Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; él será grande y será llamado Hijo del Altísimo» (Lc 1, 28-32).

Seis meses antes de la Anunciación, el ángel Gabriel se había aparecido a Zacarías, hombre bueno y piadoso, esposo de Isabel, para anunciarle que, a pesar de su avanzada edad, tendrían un hijo:

« (…) tu súplica ha sido escuchada. Isabel, tu esposa, te dará un hijo al que llamarás Juan. El será para ti un motivo de gozo y de alegría, y muchos se alegrarán de su nacimiento, porque será grande a los ojos del Señor» (Lc 1, 13-15).

San Josemaría puso bajo el patronazgo de san Gabriel la formación y el apostolado de los fieles Supernumerarios del Opus Dei.

Opus Dei -

San Rafael

Es el inseparable compañero de Tobías –cuya historia se cuenta en el libro bíblico del mismo nombre– a lo largo de un peligroso y prolongado viaje.

La compañía y consejos de Rafael traen como resultado la boda de Tobías con Sara, una joven hermosa y sencilla que fue liberada –gracias a la ayuda del arcángel– de un demonio que había matado a todos los hombres que se habían desposado con ella. De la misma manera, Tobías logra curar la ceguera de Tobit, su padre.

Bajo el patronazgo de san Rafael está la labor de formación que el Opus Dei realiza entre los jóvenes.

La fiesta de los tres arcángeles se celebra el 29 de septiembre.

No era yo entusiasta de nuestra restaurada monarquía. Pero este libro de Paul Preston que es muy “pro Juan Carlos” sin que me haya hecho fan de la familia real al menos sí me ha dado a conocer las dificultades, los toros que ha tenido que torear Juan Carlos para llegar donde está. Algunas cualidades ha demostrado, cosa que de su hijo no sé si vamos a poder decir lo mismo. La única contrariedad conocida del heredero es la de una novia que no les gustaba a sus padres, tampoco sigo la actualidad de la Zarzuela muy de cerca.

He aprendido mucho con este libro, por ejemplo sobre el tema Federico Suarez Verdeguer, cura numerario de los primeros al que conocí como profesor de historia a punto de jubilarse en la universidad de Navarra hace 20 años. Ya entonces supe que don Federico a parte de ser un especialista del siglo XIX español más ranciamente reaccionario, léase carlismo, Donoso Cortés y similares, era  el capellán real. Por tal motivo se desplazaba a la Zarzuela cada semana 1 ó 2 días en tren. Siempre me quedaba la duda de si es que no había más curas en la capital del reino que él para cumplir ese papel.

De lo que ahora me entero es que Federico Suarez ha estado ligado a Juan Carlos desde su prehistoria como rey, 1960.

 En 1948  se decidió que el nieto de Alfonso XIII se iba a educar en España mientras su familia seguía en el exilio, de cara a ocupar algún día el trono. Realmente desde los primeros tiempos de la dictadura de Franco hubo opusinos moscardoneando alrededor de los diversos pretendientes al trono. Jose María Pemán, el poeta gaditano, no sé si ya entonces era Opus, cuando el fundador visitó Jerez de la Frontera si lo era, se movía en el entorno de don Juan, el rey que nunca tuvimos porque Franco no quiso. Don Juan exiliado en Estoril fue ninguneado y toreado por Franco que es un gusto.
Pero estaba también el inefable Rafael Calvo Serer, este sí que ya era numerario y murió numerario, que en los años 40 rondaba al primo de Juan Carlos, Alfonso de Borbón.

Alfonso de Borbón, que se casaría con la nieta de Franco, permitiendo al dictador emparentar con la realeza
Ni siquiera el founder, aquel que nos enseñaba que el Opus Dei nunca se metía en política, seguramente contra su voluntad pero cumpliendo la de Dios,  se libró de visitar en marzo de 1950 en Roma a don Juan de Borbón. Dice Preston que Josemaría reprochó duramente a don Juan que mantuviera a su hijo en Portugal. Según el hoy santo don Juan estaba mal aconsejado sobre la situación de España y le recomendaba que enviara al Príncipe a Madrid donde recibiría una educación patriótica. Las notas de Escrivá sobre esta conversación fueron remitidas diligentemente a Franco. Don Juan quería una educación católica para su hijo. Pero ahora viene lo mejor. 
¿En quién pensaba normalmente la aristocracia europea desde el siglo XVII para educar a sus vástagos? pues sí, en los jesuitas. Pero informado el Vicario general de la compañía Jean Baptiste Janssens dió órdenes categóricas de que se rechazara la propuesta pues la experiencia de la Compañía de Jesús en la educación de personajes regios había sido nefasta.
Y entonces apareció el Opus Dei.
Aquello de que el Opus Dei no va a acabar dedicado a la educación es todavía más mentira de lo que ya lo es hoy en día puesto que desde 1950 el Opus Dei puso mucho interés en educar a Juan Carlos.
En el entorno de Juan Carlos pusieron otros niños de ilustres familias. Todos ellos vivían en una especie de internado en el palacio Miramar de San Sebastián, hoy Donosti. Hay dos apellidos en ese entorno que yo he escuchado en el Opus Dei: Alvarez de Toledo y Benjumea. No sé más. Me ha llamado la atención la vida que llevó Juan Carlos desde los 10 años a toque de corneta, empezando con la misa diaria. No sé si se estilaba la ducha de agua fría, pero todo lo demás, ni un minuto libre, mucho latín, mucho sermón reaccionario, siempre clases, o deporte o rezos por la conversión de Rusia… es muy parecido a lo que hemos vivido los que hemos pasado la adolescencia y juventud en el Opus Dei. Así que comparto esa vida de internado con  Juan Carlos I. Por alguna foto que trae el libro, hay detalles en la decoración del “internado” que parecerían perfectamente un centro del Opus Dei.
Desde 1951 está el numerario Angel López Amo, un joven profesor de Historia del Derecho en Santiago. Primer fruto de la entrevista de Escrivá con don Juan, y en palabras de Preston “el comienzo de la fuerte influencia del Opus Dei en el Príncipe” p. 86. 
Curiosidad que atañe a Jaén: la hija de Franco se casó en 1950 con un señorito jiennense, Cristóbal Martínez Bordiú, que al final de los días del dictador intrigaría todo lo que pudo en contra de las aspiraciones de Juan Carlos a la corona. 
Federico Suarez aparece en escena cuando ya se ha completado la formación militar del futuro príncipe en las tres academias militares y se plantean que habría que darle algo “de universidad”. Ya estamos en 1959. En principio el general Martínez Campos, que era una especie de factotum de don Juan en España, había hecho gestiones para que Juan Carlos completara su formación en la universidad de Salamanca. 
Pero entonces el entorno Opus Dei de don Juan, Fernández de la Mora, Florentino Pérez Embid, Rafael Calvo Serer dieron a entender que Salamanca era un lugar peligroso, lleno de estudiantes extranjeros y profesores de izquierdas. Mejor que Juan Carlos recibiera clases particulares con profesores seleccionados de las diversas materias. El berrinche de Martínez Campos que llevaba tiempo preparando la ida de Juan Carlos a Salamanca fue tan grande que dimitió de su cargo. Era evidente que otros influían más que él en el padre del futuro rey. En una carta don Juan le dice al dictador que se ha aconsejado con mucha gente de gran valor intelectual y patriotismo. Los mismos que le chivaron que le dijera al dictador que el plan de Salamanca había sido una improvisación y un “por su cuenta” de Martínez Campos. 
Y el dictador contestó que mejor si le ponían casa al príncipe en el Escorial que así estaría más cerca de él,y curiosamente como jefe de estudios encargado de supervisarlo todo Franco sugería a Federico Suarez.
Así que los Opus Dei estaban en las dos partes: presidiendo el consejo privado de don Juan, José maría Pemán más el resto de “pelmazos asesores” y con Franco. Por cierto José María Pemán fue seleccionado como “consejero mayor” porque se llevaba bien con Franco, o eso decía él mismo, así facilitaba las nunca buenas relaciones del pretendiente Juan de Borbón con la dictadura. 
¡Qué cursi era Pemán! irremediablemente cursi, poniendo en las cartas dirigidas a Franco “el perfume grato al Pardo que se requería”
Y de Federico Suarez el tutor de los estudios de Juan Carlos se sabía que además de historiador había luchado en la guerra civil en el Requeté carlista. Tutor del príncipe a propuesta de Franco, nada menos.
Otro opusino que también aparece en esta etapa juvenil de Juan Carlos es Laureano López Rodó, profesor de derecho administrativo en la universidad de Madrid, a cuyas clases asistiría. 
Además López Rodó tuvo un gran papel en el advenimiento de Juan Carlos como rey de España.
Ya en el 56 el numerario Calvo Serer participó en un mini complot con el marqués de la Ruiseñada para restaurar la monarquía en la persona de don Juan, pero los servicios secretos de Franco se enteraron antes que los conspiradores.  
Abortado el complot, hubo un falangista, Arrese que quiso obstaculizar la restauración monárquica y a tal efecto hizo un borrador de ley que presentó al caudillo. 
Entre ambos extremos, la monarquía con don Juan y el falangismo, apareció el “medio virtuoso” favorecido por Carrero Blanco: una ley de Sucesión para una monarquía autoritaria que asegurara el franquismo sin Franco. El jurisconsulto encargado de la redacción del borrador fue López Rodó. Dicen que Carrero Blanco se fijó en la eficiencia y capacidad de trabajo del numerario Laureano López Rodó y fue el comienzo de su ascensión a las alturas que no terminaría más que con la llegada de la democracia. 
¡Ah los buenos tiempos donde todos los numerarios dignos de tal nombre eran ministros o consejeros de reyes! Luego llegó la decadencia, está claro. ¿Qué hacíamos nosotros que no aspirábamos a tanto en el Opus Dei? el canelo integral….

¿Ha sido la crisis planificada? ¿Por quién? ¿Para qué? – minerva – hipomenes – 1823

¿Ha sido la crisis planificada? ¿Por quién? ¿Para qué?
En esta nueva edición de La Quinta Esfera ofrecemos un punto de vista distinto sobre la crisis económica. Una versión comprometida que se ha ocultado a la opinión pública por aquellos que tienen el control sobre nuestras vidas. Gente que no vemos, pero que está ahí, al otro lado del escenario viendo como todo se derrumba. ¿Supondrá esto la destrucción de la democracia? ¿Volverán a acampar sobre nuestra historia los viejos fantasmas del pasado? Adéntrate con nosotros en esta nueva edición de LQE y descubre uno de los secretos mejor guardados de nuestro tiempo: la conspiración de la crisis económica.

En El oro del Rin, la ópera prólogo que abre la Tetralogía de Wagner, un nibelungo rijoso llamado Alberich desdeña el amor a cambio de un tesoro escondido en el fondo de un río. Las ninfas juguetonas que custodian el oro le advierten muy en serio que hay que elegir entre el amor o el dinero, pero Alberich, que tiene alma de banquero, elige el amor: el amor al dinero, se entiende. Como en otros grandes empeños de la civilización occidental (El anillo del Nibelungo es algo así como la Capilla Sixtina de la historia de la música), la obra de Wagner refleja una mitología que al final se acaba convirtiendo en destino: el destino del pueblo alemán, el mismo que Nietzsche alcanzó a vislumbrar como un alba y una amenaza.

A Wagner lo manchó, quizá para siempre, la lectura racista que los nazis hicieron de su música, esa experiencia incomparable que sigue prohibida en Israel a pesar de los intentos de directores judíos como Zubin Metha o Daniel Barenboim. Otro judío, Arnoldo Libermann, escribió: “Durante la revolución de 1848, Richard Wagner luchó en las calles de Dresde por lo que creía un mundo mejor. No hagamos, silenciando su música, que ese mundo sea definitivamente imposible”.
Por encima de polémicas, banderas y estéticas, Wagner es el poeta del amor: nada hay ni hubo jamás sobre este planeta que suene tan lleno de anhelo como el lamento de Isolda, como la despedida de Wotan a su hija Brühnilde, como la canción errante de Tannhaüser. Pero, al igual que otras grandes obras de arte, el Anillo es una fuente inagotable de significados: es todo para todos, como el apóstol. Imposible no vislumbrar la sombra mezquina de Alberich en los banqueros alemanes que custodian el oro de Europa en sus cajas fuertes. Y la Cabalgata de las Walkyrias (la formidable fanfarria con que los helicópteros estadounidenses llevaban el infierno a Vietnam) resuena hoy con la carcajada feroz de Angela Merkel.
Wagner lo expresó sin tapujos: maldice el amor, quédate con el oro, de acuerdo, pero atente a las consecuencias. En los compases finales del Anillo, tras la marcha fúnebre de Sigfrido, llega el fin del mundo: un incendio que lo va borrando todo mientras las aguas del Rin se desbordan en el crepúsculo de los dioses. A pesar de que fue el amor quien la salvó en otras ocasiones (en 1947, después del apocalipsis nazi, y en 1991, después de la caída del Muro y la reunificación germana), Alemania no aprende la lección elemental que Wagner entresacó de una vieja leyenda: el oro sin amor no vale nada. Ya advirtió otro viejo hechicero de nombre wagneriano, Sigmund Freud, que en la irresistible compulsión por acumular riquezas sólo late el impulso de un niño jugando con su propia mierda

MERCADERES DEL MEDIEVO Y MAGNATES RENACENTISTAS

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http://matrix-matrixrev.blogspot.com/2012/02/los-rebeldes-son-mercenarios.html

MERCADERES DEL MEDIEVO Y MAGNATES RENACENTISTAS
Ya en una fase tan temprana de la alta Edad Media como el siglo sexto, Gregorio de Tours narra que, con motivo de la entrada del rey Gontran en Orleans, acaecida el año 585, el monarca fue aclamado por la muchedumbre “en latín y en la lengua de los sirios”. Poco después, en el 591, el rey Clotario concedía la sede episcopal de París a un acaudalado mercader sirio, tras el oportuno desembolso por parte de éste de una importante suma pecuniaria. No obstante, la numerosa presencia de mercaderes y negociantes sirios en la Europa medieval desapareció casi por completo, y por causas escasamente conocidas, hacia principios del siglo IX, momento a partir del cual su lugar sería ocupado por sus principales competidores, los comerciantes judíos.

Durante los cinco siglos siguientes, la trayectoria de los mercaderes israelitas en territorio europeo se verá envuelta en una compleja sucesión de éxitos económicos y de vicisitudes políticas de muy diverso signo. Duramente tratados por varios monarcas visigodos y burgundios, su momento de mayor esplendor e influencia se producirá en la Francia Carolingia, período después del cual sus condiciones fueron empeorando progresivamente hasta desembocar en la expulsión decretada en 1306 por el rey Felipe el Hermoso, que confiscó todas sus propiedades. A partir de aquel suceso habrá que esperar tres siglos para advertir nuevamente la presencia de los empresarios y banqueros judíos en los primeros lugares de la economía europea, coincidiendo con la gran eclosión mercantil y financiera que se produjo a lo largo del siglo XVII en los Países Bajos. Desde entonces, y ya sin interrupción, su auge no haría sino ir en aumento.
Pero el interdicto del trono francés no afectó únicamente a los negociantes hebreos, sino que se hizo extensivo a los otros dos grandes poderes económicos de la época: los Templarios y los mercaderes lombardos, aunque los resultados del golpe fueron distintos en cada caso. Así, mientras que la Orden del Temple, principal potencia financiera por entonces, se precipitó a raíz de aquel evento en un declive irremisible en prácticamente todo el occidente europeo, para los empresarios lombardos el suceso apenas supuso un contratiempo limitado al territorio francés y al reinado del citado monarca. En sus restantes dominios, y muy especialmente en el ámbito mediterráneo, su poderío permanecería inalterable, hasta el punto de poder afirmarse que con ellos se inició la configuración de los elementos que iban a dar paso al capitalismo renacentista y moderno.

No obstante, dentro de la denominación genérica de lombardos debe significarse la existencia de dos grupos claramente diferenciados, tanto por sus actividades mercantiles como por los métodos y procedimientos que caracterizaron a cada uno de ellos. Tales fueron, de un lado, los mercaderes florentinos, y de otro, los grandes empresarios genoveses y venecianos. En cualquier caso, la preponderancia económica alcanzada por todos ellos a partir del siglo XIV se hizo ostensible no solamente en la cuenca mediterránea, sino también en países como Alemania, Francia o Inglaterra, al punto que durante las tres centurias siguientes la denominación de lombardo fue sinónimo en toda Europa de prestamista usurario.
Si fuese preciso citar un nombre paradigmático de la influencia y el poderío alcanzados por los magnates florentinos, éste no podría ser otro que el de la familia Médicis, cuya trayectoria e intereses discurrieron por lo regular íntimamente ligados a los del Estado Vaticano. De hecho, Juan de Médicis, fundador de la dinastía, fue el banquero oficial de los papas Juan XXII y Martín V, siendo su hijo Cosme quien gestionó y administró todos los movimientos de fondos destinados a financiar el Concilio de Basilea de 1431. Pero el momento de máximo esplendor de la familia se iba a alcanzar con un biznieto de Juan de Médicis, Lorenzo el Magnífico, quien tomó parte activa en casi todas las disputas y querellas europeas de su época, aunque el escaso tino que demostró en tales menesteres le acarreó un cúmulo de reveses y enemistades que acabarían provocando el declive político y financiero del clan. Pese a todo, la saga de los Médicis aún sobrevivió durante largos años a su decadencia, como lo demuestra el hecho de que dos de sus miembros se sentaran en el solio pontificio (Clemente VII y León X) y otros dos alcanzaran la dignidad real (Catalina y María de Médicis, ambas reinas de Francia).

Entre las notas que caracterizaron la metodología operativa de los comerciantes florentinos merecen significarse su inclinación por los procedimientos de componenda negociada, ciertamente inusuales en una época más proclive a la confrontación, y la preponderancia que concedieron en sus operaciones comerciales a los aspectos financieros sobre los de índole estrictamente mercantil. Más que comerciantes, pues, fueron traficantes en dinero, es decir, banqueros. De su pericia negociadora, de la que ellos mismos se ufanaban, da buena prueba el hecho de que Florencia fuese el único Estado del occidente europeo que mantuvo por entonces excelentes relaciones con el Imperio Otomano, relaciones en las que el lucro y el beneficio primaron en todo momento sobre cualquier otra consideración.

Por lo que se refiere a las peculiaridades psíquicas propias del sujeto mercantil, eso que en un alarde eufemístico ha dado en calificarse como “virtudes burguesas”, bien podría decirse que éstas alcanzaron en los negociantes florentinos su más nítida manifestación. Como será fácil advertir, nos estamos refiriendo a la racionalización a ultranza de la administración económica y, por extensión, de la vida en general, de la austeridad, la diligencia, la economicidad, la laboriosidad, la templanza y demás atributos prototípicos de la mentalidad mercantilista. Atributos que una mistificación secular de muy diverso signo ha venido presentando bajo la forma de otras tantas categorías morales, cuando lo cierto es que nunca tuvieron otra causa o razón de ser que el puro y simple utilitarismo. Y buena muestra de ello nos la ofrece un próspero mercader florentino de la época, Leon Battista Alberti, cuyos escritos constituyen un documento de inapreciable valor para comprender la mentalidad que impregnaba el quehacer de la burguesía emergente del momento. Por otra parte, las reflexiones de dicho personaje, recogidas en un libro titulado “Del Goberno della Famiglia”, gozaron ya en su época, y durante mucho tiempo después, de una notable popularidad, y en ellas puede encontrarse un perfecto prontuario del espíritu florentino, en concreto, y de la mentalidad mercantilista en general. De hecho, todos los preceptos y recomendaciones de tales escritos se verían reproducidos casi con exactitud en textos muy posteriores y de muy diversa nacionalidad.
Así, tras pasar revista en su obra a las ya mencionadas cualidades “morales” que deben presidir la vida del buen mercader, el florentino Alberti deja traslucir la razón última de tanta virtud con frases como éstas:”Hijos míos, sed caritativos como lo manda nuestra santa Iglesia, pero preferid el amigo afortunado al desgraciado, y el rico al pobre. El mayor arte de la vida consiste en parecer caritativo y superar al astuto en astucia”; “La honestidad es siempre la mejor maestra de la virtud, la más fiel compañera de las buenas costumbres, la madre de una existencia feliz. Nos es extraordinariamente útil, porque si nos consagramos sin descanso al cultivo de la honestidad seremos ricos y nos ganaremos el elogio y la veneración generales”.
Está bien claro, pues, que las tan manidas virtudes burguesas no fueron nunca sino un cúmulo de estereotipos, o lo que es lo mismo, una serie de condicionantes imprescindibles en determinadas circunstancias para la prosperidad y buena marcha de los negocios. Estereotipos, en definitiva, que en modo alguno constituyen los rasgos esenciales y definitorios del capitalismo, que podrá ser austero u ostentoso, pacato o libertino, negociador o brutal, según convenga en cada momento y circunstancia, pero cuya genuina caracterización vendrá siempre marcada por una visión economicista, utilitarista y materialista de la existencia. Es esto último lo que constituye la auténtica esencia de la idiosincrasia burguesa, algo que, en rigor, no podría asimilarse hoy al capitalismo de manera restrictiva, sino, más propiamente, a la mentalidad contemporánea en su totalidad, y ello por la sencilla razón de que los fundamentos esenciales del capitalismo moderno (materialismo, positivismo, economicismo, utilitarismo, etc.) fueron la matriz ideológica en la que se inspiraron las doctrinas supuestamente antagónicas surgidas con posterioridad.

Todo apunta, por tanto, al siglo XIV como el punto de partida de la mentalidad mercantilista moderna, y no sólo por la forma en que ésta se iba plasmar en los agiotistas florentinos y en otros traficantes coetáneos suyos, sino también por el clima de apego desmedido a los bienes materiales que por entonces comenzó a generalizarse, y del que dan buena cuenta numerosos testimonios de la época. Precisamente, uno de los sectores donde con mayor virulencia se manifestó ese “lucri rabies” del que hablan las crónicas fue el eclesial. El propio Alberti, nada sospechoso de tendenciosidad al respecto, señalaría más de una vez en sus escritos que la codicia y el afán de lucro desmedido eran rasgos sumamente extendidos entre los clérigos de su tiempo. Del papa Juan XXII escribió el comerciante florentino en estos términos:”Tenía defectos y, sobre todo, aquél que, como es sabido, es común a casi todos los clérigos: era codicioso en grado sumo”.
Pero el mal, restringido en un principio a determinados círculos sociales (la putrefacción comienza siempre por arriba), no tardaría en extenderse al resto de la población, muy especialmente en los países de mayor desarrollo mercantil de la Europa occidental (Italia, Alemania, Francia). Así habrían de reflejarlo fuentes tan heterogéneas como los cantares del Carmina Burana, la “Descripción de Florencia” de Dante, o los escritos posteriores de Erasmo de Rotterdam, en uno de los cuales se lamenta de que “todo el mundo obedece al dinero”, una descripción de su época que a buen seguro le habría parecido exagerada de haber conocida la sociedad de consumo actual.

Con todo, el acontecimiento más significativo de la mentalidad económica surgida en la época renacentista no sería tanto el auge del mercantilismo como la irrupción del préstamo pecuniario a modo de herramienta comercial de primera magnitud. Una práctica hasta entonces secundaria y casi restringida al círculo de los agiotistas judíos, y que a partir del siglo XIV comenzó a convertirse en un instrumento fundamental del nuevo sistema económico. Iniciaba así su andadura el capitalismo financiero, que no representa sino un eslabón superior, un salto cualitativo respecto del capitalismo meramente mercantil, y cuyas funestas consecuencias habrían de hacerse bien patentes con el transcurso del tiempo. Dado que en el marco implantado por el capitalismo financiero queda eliminada toda noción de corporeidad, el acto económico se convierte en algo de naturaleza puramente abstracta, posibilitándose con ello el lucro a costa del trabajo de terceros y, lo que es peor, el dominio absoluto de toda la realidad económica, política y social. Añádase a esto el hecho de que el sistema monetario está desde hace tiempo en manos de las grandes entidades financieras, lo que les confiere a éstas la potestad no ya de traficar con el dinero ajeno, sino incluso de crearlo de la nada, consolidando de esta forma su dominio a partir de una entelequia irreal. Una circunstancia que Frederick Soddy, nobel de Economía en 1921, calificaría certeramente con estas palabras: “el rasgo más siniestro y antisocial del dinero escriptural es que no tiene existencia real”.
Finalmente, no podrá cerrarse este epígrafe sin poner de manifiesto las notables diferencias existentes entre el concepto de “libre mercado”, tal y como era entendido éste en la época renacentista, y el que sostiene la ideología actual, diferencias debidas, naturalmente, a la inexorable dinámica expansiva propia de la economía capitalista. En efecto, la libre actividad comercial de entonces, contrariamente al modelo actual, estuvo sometida en sus inicios a una serie de restricciones elementales absolutamente impensables hoy. De hecho, en los albores del capitalismo la competencia mercantil no constituía un principio supremo al que pudiera apelarse para traspasar ciertos límites considerados entonces infranqueables. Límites entre los que figuraban el abaratamiento intencionado de precios para arruinar al competidor, o la propaganda destinada tanto a sobrestimar los propios productos como a menospreciar los de cualquier otro comerciante. No hará falta comentar que en la época actual, en que el principio del lucro y del beneficio prevalece sobre cualquier otra consideración, aquellos antiguos escrúpulos, por elementales que pudieran parecer, serían considerados irrisorios. Lo mismo podría decirse de la austeridad y el recato postulados por los doctrinarios del capitalismo temprano, conceptos que por entonces no limitaban su aplicación a la administración de los negocios, sino que se hacían extensivos a la propia vida privada, y ello por las razones de utilidad ya comentadas. Es evidente que, con el transcurso del tiempo, aquel afán economizador en la gestión comercial no sólo se ha mantenido, sino que, en virtud de uno de los principios esenciales del mercantilismo contemporáneo (la reducción de costes), se ha acentuado progresivamente. Sin embargo, la vida social y la esfera privada de los grandes magnates económicos hace ya largo tiempo que no participan de los esquemas arcaicos, constituyendo, por el contrario, un verdadero alarde de lujo y ostentación. Lo que pone de manifiesto una vez más la naturaleza de esos estereotipos aglutinados bajo el tópico de las “virtudes burguesas”, meros convencionalismos circunstanciales de los que se prescindió tan pronto como dejaron de ser necesarios.

Así pues, el concepto de libre mercado, tal y como es entendido en el presente, y la idea de una publicidad dirigida a perseguir y asaltar a los potenciales clientes, era algo totalmente extraño a la mentalidad predominante por aquel entonces. En ningún código ideológico o moral de la Europa renacentista tuvieron cabida semejantes conceptos, con la única excepción de la literatura rabínica y, más concretamente, del Talmud. Y aunque este último hecho no carezca de importancia, tampoco constituye la clave que sirva para explicar de manera concluyente la irrupción y el asentamiento del modelo capitalista, como determinados tratadistas (Sombart entre los más notables) han pretendido explicar. Baste decir al respecto que dicho modelo económico debió buena parte de su arraigo a la activa participación de individuos y sectores sociales cuyo acervo cultural e ideológico poco tenían que ver con el judaico. Menos consistente aún es el argumento de la teórica incompatibilidad entre el capitalismo y el código religioso vigente en la Europa renacentista, ya que en tiempos de putrefacción los reglamentos morales no son sino letra muerta, o peor aún, meras herramientas de sórdida instrumentalización.

Todo lo apuntado no impide ser cierto el importante papel desempeñado por la plutocracia judía en la consolidación del capitalismo, al punto que todo intento por describir la evolución y el desarrollo de la sociedad moderna prescindiendo de dicha participación sería tanto como falsificar la Historia, además de suponer un injusto escamoteo de los méritos contraídos por la oligarquía israelita con el sistema vigente y tan unánimemente ensalzado en la actualidad. Por lo demás, no deja de ser paradójico que hayan sido precisamente autores hebreos quienes con más claridad y rigor han escrito sobre este asunto hoy tabú (Bernard Lazare, Marcus Ravage, Artur Koestler, Benjamín Beit, Alfred Lilienthal, etc.). Autores que constituyen la mejor fuente de información al respecto, además de la única a la que los intoxicadores de oficio no podrán aplicar el acostumbrado sambenito del antisemitismo.

Dicho esto, volvamos, pues, al tema apuntado líneas atrás, esto es, al reglamento talmúdico, para significar que, efectivamente, son varios los preceptos de ese código que recogen el principio en virtud del cual la conducta de sus seguidores deberá atenerse a normas distintas según se trate de miembros de su comunidad o de individuos ajenos a ella. A estos últimos, es decir, a los goim (término mediante el que se designa a los no-judíos), es lícito “mentirles y trampearlos”. Una concepción que, aplicada al terreno mercantil, alcanzaría uno de sus momentos álgidos en la Polonia del Antiguo Régimen, tal y como lo refleja un apunte sobre el particular tan poco sospechoso de animosidad como el del rabino e historiador Heinrich Graetz, quien describió el proceder de los mercaderes hebreos de aquella época con estas palabras: “Líos y tergiversaciones, artimañas jurídicas, chocarrería y una cerrazón total ante todo lo que se hallase fuera de su horizonte, en eso consistía la esencia y forma de vida de los judíos polacos…..La honradez y la rectitud les eran tan ajenas como la sencillez y la veracidad. Esta cuadrilla asimiló las mañosas enseñanzas de las escuelas superiores (rabínicas) y las utilizaba para engañar a los menos astutos, experimentando con ello una especie de gozo triunfal. Claro es que su argucias difícilmente podían emplearlas contra sus hermanos de religión, que se las sabían todas; pero el mundo no-judío con que trataban sufrió en sus propias carnes la superioridad del ingenio talmúdico del judío polaco….La depravación de los judíos polacos acabó volviéndose contra ellos de manera sangrienta, y tuvo como consecuencia el que la restante judería europea se contagiara durante un tiempo del modo de ser polaco. Con la emigración de los judíos polacos (a raíz de las persecuciones cosacas) se polonizó, por así decirlo, todo el mundo judío”.

En cualquier caso, y situándonos en el momento presente, la cuestión principal hoy ya no es tanto la libertad estrictamente mercantil, que incluso podría considerarse como un asunto menor, sino el libertinaje que preside el movimiento del capital transnacional y la impunidad con la que operan los grandes traficantes financieros. Y todo ello al amparo del “libre mercado”, una falacia refrendada por todos los foros políticos subordinados a la Alta Finanza mundial, entre los que figura por méritos propios el engendro pergeñado en Maastricht.
En eso, en el dominio absoluto de una reducida oligarquía, consiste el concepto de “libertad” alumbrado por el modelo capitalista, gracias al cual ha podido configurarse una sociedad de siervos alienados y envilecidos por el consumo material.
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Los Godos -se mezclara con las hijas de los hombres", e involucionara en Héroe.

——-Entrevista a Félix Rodrigo Mora. Escritor, investigador e historiador autodidacta nos cuenta como la historia de España que nada tiene que ver con lo que no han contado. La suya es una historia que habla de pueblos independientes, donde sus habitantes gestionaban su economía, las leyes, la milicia… Y no necesitaban de una forma de gobierno que forzase las leyes sobre sus súbditos. 
Una mirada al pasado que nos abre una puerta a un futuro mejor . Si la historia se

Los Godos

  Se cree que los Asen se llamen de este modo por causa de As­gard , la Morada u Olimpo de los Dioses, de donde ellos descienden a combatir a las fuerzas demiúrgicas, antes de involucionar en los héroes y antes de que el Achse (Eje) se desviara. Antes de que el Dios “se mezclara con las hijas de los hombres”, e involucionara en Héroe.
Los Godos
Son éstos los Dioses que entran a combatir a esa Fuerza extraña que ha corrompido la pureza ante históricaa, arriesgando la contaminación de su sangre ígnea, al plasmar aquísus formasas, materializándolas, aprisionándolas en el “Universconcentradorio y recurrente”.Dios es Goten, o Gott , en alemán, y es God , en inglés. Viene deGut , bueno en alemán, y Good , bueno en inglés. Es decir; Dios es Bueno, es Lo Bueno. También es Güeno; en castellano arcaico, del Cid, de los visigodos de España. Y hombre bueno es Gutman, en alemán y e guzmán, en castellano ­gótico, o visigótico.
Por ello, el Rey Felipe II de España decí a que “la guerra de Chile contra los araucanos le había a costado la flor de sus Guzmanes”,queriendo significar lo mejor de sus visigodos, de sus “hombres buenos”, o güenos. De sus godos. Y no deja de ser curioso que los cátaros del Languedoc gótico, también ocupado por los visigodos, se llamaran a sí mismos Bonhommes; es decir, hombres buenos. Porque Dioses Bueno. Porrrrrrrrr ello el nombre de Wotan, el Dios germano, es también Gutan(Güatan, entre losvikingos de América del Sur), debiendo significar algo genérico, el mismo pueblo de los godos, de losGutanes; es decir, todo el Panteón de los Dioses que entraron a combatir al Demiurgo y sus huestes, en el Universo visible, aprisionado dentro del ciclo zodiacal: los gerreris bersecos, venidos de Asgard , la Ciudad sagrada de los Asen.As­en,Achse, el Eje Polar, antes de que fuera desviado por la catástrofe que sumergióa Hiperbórea y su capital,Thule. (Ver anexo I).Gott ,God ,Godo. Los Dioses son los Godos, los Gutanes. El pueblo de los godos se divide en varias ramas. Algunas de ellas entran a España. Los Ostrogodos, son los “Godos Brillantes” (Dioses Brillantes); los Visigodos, son los “Godos Sabios” (Dioses Sabios).En España, los visigodos se llaman entre ellos, Asen, para recordarse su procedencia divina, de otrooooooooo mundo, de As­gard , o de As­garten, el Jardí n de losAsen, El Jardí n de las Hespérides, de las Manzanas de Oro: Dorada. Aryanaa.Aryana Baiji, oAriana Vaejo;Hiperbórea.Hijo de Wotan es Sieg, la RunaSieg, la del Triunfo. Es también el Emblema del pueblo godo. Los Jetta, o Getas, una de sus tribus, se consideraban “el pueblo elegido de Dios”, hijos de Gott (hijo­dal­go; hidalgo), Dios mismo; porque “El Hijo y el Padre son una misma Persona’ “. Un Godo.
      Se cree que los Asen se llamen de este modo por causa de As­gard , la Morada u Olimpode los Dioses, de donde ellos descienden a combatir a las fuerzas demiúrgicas, antes deinvolucionar en los héroes y antes de que elAchse(Eje) se desviara. Antes de que el Dios “semezclara con las hijas de los hombres”, e involucionara en Héroe.

Chile era llamado “El Cementerio de los españoles” ningun español queria venir…en Perú le decian a los niños “Portate bien…o te enviaremos a Chile”.

Ya estamos otra vez.
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Chile era llamado “El Cementerio de los españoles” ningun español queria venir…en Perú le decian a los niños “Portate bien…o te enviaremos a Chile”.

Ya estamos otra vez.
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“Pelearon todos, desde el duque de Alba, grande de España a Pizarro, guardador de puercos. Pelearon hidalgos y labriegos, pastores y burgueses, bachilleres y magnates, clerigos y pícaros, escribanos y caballeros. Pelearon los hijos de todas las regiones de España. Pelearon Garcilaso, Ercilla, Cetina, Alcazar, Cervantes, Lope de Vega, Calderón, peleo un pueblo entero sin distinción de clases, patrias, quehaceres, profesiones o riquezas.
Pelearon sobre los Andes y al pie de los Alpes, en las llanuras del Po y en la altiplanice mejicana, junto al Tiber, frente al Papa, y junto al Mapocho, frente a Arauco, a orillas del Río de la Plata y del Danubio, del Elba y del Tajo, del Orinoco y del Escalda, en Pavía y en Cuzco, en las Alpujarras y en las selvas amazónicas, en Túnez y Amberes, en el golfo de Lepanto y ante las costas de Inglaterra, en Navarino y en las Terceras, en la Goleta y en la Habana, en Argel y en Filipinas, en Lombardia, en Napoles, en los cuatro puntos cardinales de Francia, y en los Países Bajos, en Portugal, en África, en Alemania y en Irlanda…Fueron decenios y decenios de duros y ásperos combates en los mas variados y alejados teatros de batalla, contra los mas diversos pueblos y en todos los climas, culturas y mares de la tierra.”
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el conde Guillermo de orange.Marca Hispánica

España Italia Eurocopa

Dirige y presenta, Miguel Ángel Fdez “Eureka Libros”, Enrique de Diego es entrevistado por la edición de su libro “Salvar a España, carta a Rajoy” de Ed. Rambla. Orígenes, procesos y soluciones del actual y lamentable presente español: autonomías, terrorismo, nacionalismos, monarquía, corrupción, sindicatos, despilfarro, castas parasitarias, paro, reformas pendientes desde hace décadas, separación de poderes, etcNos cuenta también la historia intensa de estos cuatro años de vida de la Plataforma de las clases medias.

Los Guilhemides, una dinastía de héroes DINASTÍA GUILHEMIDE: Cuando comenzamos la investigación nos encontrábamos en la ciudad de Toulouse, ciudad situada al sur de Francia, perfeccionando nuestros estudios sobre las regiones medievales de Toulouse y Languedoc: historia y geografía medieval, dinastías de época establecidas en toda la región de Occitania, literatura medieval y ciclos de los cantares de gesta… HEMOS REALIZADO UN ESTUDIO HISTÓRICO de las que, creemos, han sido las dinastías medievales de más prestigio que gobernaron estas regiones: las de Toulouse, Guilhemide y Trencavel, sin duda las estirpes más poderosas establecidas entre los siglos VIII y XIII. Uno de los personajes históricos de estas célebres dinastías en el que centramos nuestro estudio más serio y riguroso resultó ser un hombre en el que se conjugan la historia y la leyenda: el conde Guillermo de Orange, uno de los grandes héroes de la época medieval. ¿Por qué elegimos a este personaje? Sin duda por su significado histórico y su controvertido pasado. Para un historiador es difícil abstraerse de las últimas teorías que han aparecido sobre la incomparable figura de Guillermo de Orange. Héroe legendario de la talla del Cid Campeador, Godofredo de Bouillon, o Guillermo el Conquistador. Su prestigio como guerrero quizás se vio un poco oscurecido debido a que sus proezas tuvieron que coexistir con las hazañas del que, muy probablemente, ha sido el mayor héroe de toda la cristiandad para la iglesia: Carlomagno.
La vida de Guillermo, su pasado y sus orígenes, han estado sometidos, con mayor o menor acierto, a innumerables discusiones entre eruditos e historiadores a lo largo de décadas. Sin embargo, de lo que no hay duda es que la historia del legendario Guillermo de Orange y de otros miembros de su linaje tiene aún capítulos, sin duda muy oscuros y misteriosos, por escribir. Ese fue el motivo por el que nos propusimos llevar a cabo una exhaustiva investigación histórica: su familia, sus parientes y descendientes. Y, sin duda, el punto más controvertido de su vida actualmente: sus orígenes.
¿Y por qué?
Porque los oscuros caminos que siguió su dinastía hasta aparecer en la historia están inexorablemente ligados a una fuente común tan legendaria como polémica. Guillermo de Orange EL CONDE GUILLERMO DE ORANGE, también llamado de Gellone, de Toulouse o le Grand (Guilhem en occitano), nació mediado el siglo LOS GUILHEMIDES, UNA DINASTÍA DE HÉROES VIII. Descendía de una familia de la alta nobleza, fue hijo de Theodorico, un poderoso conde de Borgoña, Sajonia y Autún, y de Auda Martel, hija de Carlos Martel, el famoso maire du palais que rechazó a los musulmanes en la batalla de Poitiers (732).
La historia nos dice de este héroe que poseía sobresalientes dotes militares y diplomáticas, que era un hombre de fuerte personalidad y que tenía una notable formación cultural para la época. Realizó sus primeras campañas militares contra sajones y sarracenos de Al-Ándalus bajo las órdenes del rey Carlomagno, de quien era primo. Demostrada su valía, Carlomagno le confiaría el gobierno de las regiones de Toulouse y Aquitania, cumpliendo las órdenes de contener las rebeliones de vascones y crear una franja de seguridad entre los sarracenos de Al-Ándalus y los territorios francos, la que años después sería llamada la Marca Hispánica. Hombre de guerra, en sus inicios militares luchó contra las incursiones sarracenas en la Septimania (Languedoc y Gerona actual), y reconquistó las ciudades medievales de Nîmes y Orange. Batallas que por su coraje y valentía, hicieron de Guillermo de Orange uno de los grandes héroes de la época. Se convirtió en un caballero de reconocido prestigio en el reino, un señor feudal admirado por sus vasallos, y un guerrero muy temido por sus adversarios. En Guillermo confluyeron todas las virtudes necesarias para ser caballero de romances, y a su persona serían dedicados numerosos cantares de gesta38, tan aclamados en sus dominios que llegaron a producir culto popular, y las famosas historias del gran héroe serían transfiguradas en epopeyas. Su forma de vida debió de ser digna de admirar en una época tan cruel. Cansado de largos años de lucha, y con la Marca Hispánica creada, Septimania y Gothia pacificadas, decide abandonar toda una vida dedicada a la guerra para consagrar a Dios los últimos años de su vida. Abdica de todas sus posesiones en favor de su hijo primogénito Bernardo de Septimania, y toma los votos religiosos en el monasterio benedictino de Aniane (806)39.
La historia y la leyenda aportan, cada una, su respuesta. La primera es sencilla en su perspectiva medieval: la vocación monástica. La segunda, romántica: una gran pena de amor. Dos años antes de su retiro había fundado un modesto monasterio, situado en el valle de Gellone, pueblo natal de Guillermo, en donde después vivirá recluido hasta el día de su muerte, acaecida el 28 de mayo del año 812. Hacia el año 1120, los monjes de Gellone, para satisfacer la curiosidad de los peregrinos hacia Guillermo, redactan su biografía, titulada Vita Sancti Willelmi, en la que ahondaban en detalles históricos y hagiográficos sobre su vida40. Según nuestros estudios iniciales, esta biografía estaba basada en una biografía original (812) realizada por los monjes de Gellone en reconocimiento a su benefactor. De la obra original poco sabíamos. Parecía responder al deseo del monasterio de reconocer la importancia de su benefactor. También sabíamos que la Vita Sancti Willelmi estaba fundamentada en esa fuente original. Los monjes de Gellone habían incluido en ella los datos esenciales de su vida, y crearon las famosas epopeyas de Guillermo, a fin de ensalzar la figura de este célebre personaje. De todas maneras, semanas después, en Gellone, encontraríamos las respuestas a todas nuestras dudas.
LOS GUILHEMIDES, UNA DINASTÍA DE HÉROES El Monasterio de Gellone
PARA INVESTIGAR AL FUNDADOR DE LA DINASTÍA GUILHEMIDE, lo primero que hicimos fue visitar el monasterio de Gellone. Planificamos nuestro traslado desde la ciudad de Toulouse hasta la pequeña localidad de Gignac, a diez kilómetros del pueblo medieval de Saint Guilhem le Desert, y nos alojamos en el hotel Vieux Molin. El monasterio benedictino de Gellone está situado en la región languedociana, a cuarenta kilómetros en dirección noroeste de Montpellier, en el corazón mismo de las gargantas de Herault. El pueblo, desarrollado alrededor del monasterio, tomará a principios del siglo XIII el nombre de Saint Guilhem le Désert, en honor a Guillermo. Para nuestra visita elegimos los días 14 y 15 de Septiembre, días del Patrimonio en el pueblo de Saint Guilhem. No pudimos haber escogido unas fechas más propicias. El monasterio de Gellone fue fundado en el año 804, reconocido abadía por el Papa Urbano II (1090) y recientemente ha sido inscrito en el Patrimonio Histórico de la Humanidad por la UNESCO (1998). Del primer arte prerrománico, la abadía conserva gran parte El monasterio de Gellone, fundado por Guillermo de Orange (804). Aquí viviría enclaustrado los últimos años de su vida. “Es dificil encontrar un ejemplo tan claro de abuso de poder” CAPÍTULO IV La dinastía de Toulouse ENTRE LOS SIGLOS X Y XIII, en el sur de Francia y noreste de España existieron unas ricas regiones en las que la mentalidad político-religiosa estaba abierta a influencias múltiples, y el espíritu de tolerancia permitía que todo tipo de ideas intelectuales y artísticas florecieran…
UNA DE LAS REGIONES QUE FOMENTARON ESTAS LIBERTADES fue el poderoso condado de Toulouse, lo que actualmente es la región francesa de Midi. Las libertades políticas y religiosas que consintieron los grandes barones feudales permitirían que todas las regiones de Occitania, esto es, Toulouse, Languedoc, Provenza y el norte del reino de Aragón fueran, con diferencia, las regiones más desarrolladas de toda la Europa medieval. La dinastía de Toulouse fue una de las dinastías que hizo posible estos importantes avances sociales. La ciudad de Toulouse de los tiempos de Raimundo V y VI (1148-1207) era, según escritos de la época, la ciudad más prestigiosa de Occidente después de Venecia y Roma. Sus escuelas eran comparadas con las de Narbonne, Montpellier y la de Toledo, en tiempos de Alfonso X el Sabio. Después de que Carlos el Calvo anulara los privilegios y beneficios feudales sobre este poderoso condado a la dinastía Guilhemide, con los condes Fredelon y Raimundo de Rouergue comienza la dinastía hereditaria de los condes de Toulouse94. Sus sucesores harían de este condado un reino en realidad independiente. Tuvieron entre sus vasallos a los poderosos condes y vizcondes de Lautrec, Albi, Béziers, Carcassonne, Nîmes, Rouergue y Montpellier95. Al condado de Toulouse y sus dominios originales en Rouergue, unirían paulatinamente inmensas posesiones obtenidas por guerras y alianzas matrimoniales en la región del Languedoc, y el marquesado de Provenza, que entraría en el patrimonio de la casa tolosana por el matrimonio de Guillermo Taillefer y Emma, única heredera del conde de Provenza. En estas regiones serían frecuentes las disputas con sus vasallos naturales en el Languedoc, los Bernardo-Atón y la dinastía Trencavel; y en Provenza, donde sus aspiraciones expansionistas chocarían frontalmente con los intereses de los reyes de Aragón y sus vasallos, los condes de Barcelona. De todos los condes tolosanos, Raimundo IV de Saint Gilles es, muy posiblemente, el personaje histórico más famoso. Fue uno de los héroes de la Primera Cruzada. Antes de abandonarlo todo para embarcarse en la aventura de recuperar Tierra Santa para el cristia- nismo, el conde Raimundo había diseñado un ambicioso proyecto de expansión mediterránea por toda la región de Occitania. Este proyecto de expansión territorial sería continuado por sus sucesores, hasta que las ambiciones de los tolosanos se vieron truncadas por uno de esos sucesos que ha quedado escrito en la historia para vergüenza de todos: la cruzada albigense. Durante el gobierno de Raimundo V y VI, las regiones Toulouse, Provenza y Languedoc se encontraban en su máximo esplendor. Raimundo V de Toulouse era el soberano más poderoso de Occitania y uno de los hombres más influyentes de todos los reinos cristianos. La Toulouse del conde Raimundo «el buen conde Raimundo»96, era la metrópoli por excelencia de la cultura occitana. A la libertad política, social y religiosa en sus dominios se unía un gran florecimiento cultural. Era la época de apogeo de poetas, juglares, trovadores, del espíritu caballeresco y el amor cortesano97. La cruzada religiosa
A LA TOLERANCIA RELIGIOSA QUE EXISTÍA en las regiones de Toulouse, Provenza y Languedoc entre cristianos y judíos, se unirían los movimientos religiosos cátaro (s. XI) y valdense (s. XII). Sin embargo, esa tolerancia religiosa no era bien vista desde el estamento más poderoso de la época. Un estamento político capaz de movilizar a masas, poner y quitar reyes o provocar guerras atendiendo a sus intereses personales. Sí, hablamos de la iglesia católica. Escudo heráldico de la casa de Toulouse. Con este escudo también se identificaría a los adeptos del movimiento religioso cátaro. “La manipulacion interesada jamás permitirá descubrir el verdadero significado de uno de los grandes misterios de la historia”

los elegidos. El talmud – Evo Morales

hamlet : igual es igual y distinto es distinto

Fue a partir del 1600 cuando las formas embrionarias del capitalismo moderno surgidas en los albores del Renacimiento alcanzaron su desarrollo definitivo, primeramente en Holanda, y en Inglaterra después.
Los Países Bajos constituyeron, en efecto, el primer escenario en el que el nuevo modelo económico y la mentalidad empresarial se manifestaron plenamente, pero ya no sólo en unos cuantos enclaves localizados, sino en toda la extensión de una nación.

Fueron varios los factores que confluyeron en la eclosión del capitalismo holandés. Uno de ellos, de indudable relevancia, pero en modo alguno exclusivo, sería el asentamiento en aquel país de un notable contingente de inmigrantes sefarditas salidos de España a raíz del decreto de expulsión. De los aproximadamente 300.000 sefarditas que abandonaron España en las postrimerías del siglo XVI, la porción más importante se asentó en dominios otomanos, si bien hubo grupos numerosos que dirigieron sus pasos hacia Holanda, Inglaterra y las ciudades alemanas de Hamburgo y Frankfurt. Esta última localidad habría de ser con el tiempo la casa matriz de varias dinastías de financieros ashkenazim, tales como los Rothschild, los Warburg, los Mendelsohn y los Speyer.

No obstante, sería inexacto, por no decir falso, atribuir en exclusiva a los inmigrantes hebreos el espectacular desarrollo del mercantilismo holandés y, más tarde, del capitalismo británico. Si, como ya se apuntó, el Talmud era el único corpus ideológico que en los inicios del capitalismo renacentista se compaginaba plenamente con los postulados mercantiles de éste, no podría decirse lo mismo de la situación reinante en la Europa del XVII, en la que ya se había desarrollado por completo la mentalidad surgida de la Reforma protestante. Una mentalidad perfectamente identificada con el nuevo modelo socioeconómico, del que en realidad no fue sino una derivación. Sobre este particular, no hará falta extenderse aquí en excesivas explicaciones, por cuanto se trata de un tema perfectamente conocido. La máxima calvinista (compartida, salvo anecdóticas excepciones, por el protestantismo en su conjunto) en virtud de la cual “el éxito y los beneficios de toda empresa mercantil son la recompensa concedida por Dios a sus elegidos”, es sobradamente ilustrativa al respecto, y resume a la perfección la esencia del espíritu protestante, que convirtió la trascendencia religiosa en un asiento contable o, si se prefiere, en una ética para propietarios y tenderos.
Por lo demás, está suficientemente claro que en el escenario europeo posterior a la Reforma la Iglesia Romana era una institución vinculada a los intereses propios del régimen aristocrático y del orden señorial, mientras que las confesiones protestantes representaban las aspiraciones y mentalidad de la nueva clase emergente y del nuevo sistema socioeconómico. Aunque no por ello deja de ser cierto que, con el transcurso del tiempo, y una vez que el sistema burgués hubo logrado su consolidación política en toda la órbita occidental, la institución vaticana se fue adaptando plenamente a las coordenadas del nuevo modelo, haciendo gala con ello de su conocida versatilidad para acomodarse a las exigencias de los tiempos y a los imperativos del Poder.
Para comprender el desarrollo experimentado por la economía capitalista en los Países Bajos durante el siglo XVII, bastará significar la aparición por entonces de una serie de prácticas que, con el andar de los años, habrían de convertirse en rasgos característicos del capitalismo contemporáneo.
Uno de esos fenómenos fue la fiebre especulativa que se manifestó con inusitada intensidad en la Holanda del XVII, circunstancia de la que da buena prueba el espectacular tráfico económico que tuvo lugar en torno a un artículo tan simple como el tulipán. Esta planta, traída desde Adrianópolis al occidente europeo por el botánico Busbeck hacia mediados del siglo XVI, se convirtió durante el primer tercio del siglo XVII en un objeto de veneración para los ciudadanos holandeses. Fue una de esas extrañas modas, tan corrientes en la época actual, que prendió casi repentinamente, sin que se conozca con certeza la razón. El hecho es que, a partir de 1630, el esnobismo de los primeros momentos comenzó a adquirir tintes de pura y simple especulación. Cada día era mayor el número de personas deseosas de adquirir ejemplares de ese bulbo, aunque ya no por razones decorativas, sino con el propósito de venderlos a un precio superior, no tardando en desarrollarse en torno a los tulipanes un auténtico mercado bursátil en el cual participaban individuos de todas las condiciones sociales. Las Bolsas de las principales ciudades holandesas se convirtieron así en el escenario de transacciones en las que se pagaban miles de florines por ejemplares de tulipán que, convertidos ya en un valor abstracto, al modo de las acciones actuales, nadie había llegado a ver, ni el comprador, ni el vendedor, ni mucho menos el agente bursátil. La histeria especuladora fue en aumento, impulsada por el hecho de que, como en todo negocio de esa índole, el incremento injustificado y vertiginoso de la cotización hizo que, en un principio, todo el mundo obtuviera beneficios. Al punto que muchas personas llegaron al extremo de enajenar todos sus bienes para invertir el numerario así obtenido en tan lucrativo negocio. Claro que, al final, acabó ocurriendo lo inevitable en todo proceso de especulación montado en torno a un objeto carente de valor intrínseco, y cuya estimación resulta ser puramente ficticia. Al vertiginoso ascenso de los precios le sucedió una caída más vertiginosa aún, lo que supuso la bancarrota absoluta para centenares de familias.
El episodio referido no fue sino un claro antecedente de lo que poco después, ya en la Inglaterra del siglo XVIII, habría de desarrollarse plenamente bajo la fórmula del Mercado de Acciones o Bolsa de Valores. Una fórmula, sobra decirlo, de plena actualidad.
Otro fenómeno que se desarrolló también por aquellos años, y muy especialmente en Inglaterra a partir del último tercio del siglo XVII, fue la proliferación de los llamados proyectistas, una especie de antecesores de los actuales expertos en inversiones financieras. Una muestra evidente de la nitidez con la que ya por entonces comenzaron a perfilarse ciertos usos consagrados en la actualidad, nos la ofrece el testimonio de un testigo privilegiado de la época, el inglés Defoe. En su obra “An Essay on Projects”, el escritor británico definió de manera magistral a los proyectistas de entonces con palabras como éstas: “Hay personas demasiado astutas para convertirse en auténticos criminales en su desenfrenada carrera en pos del oro. Éstas se dedican a inventar ciertas formas oscuras de tretas y engañifas, un modo de robar tan reprobable como otro cualquiera, o incluso más, ya que bajo atractivos pretextos inducen a gentes honradas a soltar su dinero y ponerse de su parte, para desaparecer después tras la cortina de un refugio seguro, burlándose de las leyes y de la honradez”.
Las actividades de los proyectistas tuvieron su perfecta correspondencia en la especulación bursátil y en el llamado Mercado de Efectos, cuyas prácticas también nos dejaría descritas el citado autor en sus escritos: “Al principio estaba constituido por las transferencias simples y esporádicas de títulos y acciones. Pero debido a la industriosidad de los corredores de comercio, en cuyas manos se hallaba el negocio, éste se convirtió en un tráfico basado en las mayores intrigas, astucias y artimañas que jamás se dieron bajo la máscara de la honradez. Pues como los corredores tenían la sartén por el mango, convirtieron la Bolsa en una partida de juego; subían y bajaban los precios de las acciones a su antojo, y mientras tanto siempre contaban con vendedores y compradores dispuestos a confiarles su dinero, no obstante sus falaces promesas”.
Lógicamente, la consolidación del modelo económico capitalista que se operó durante los siglos XVII y XVIII dio paso al nacimiento de las primeras instituciones bancarias al estilo de las que se conocen hoy. Y no es que hasta ese momento no hubiesen existido profesionales del préstamo a gran escala. Lo que ocurre es que tales individuos, pese a su poderío económico, permanecieron supeditados a los avatares y decisiones del poder político, siendo así que su suerte dependía en gran medida de la del monarca al que se hallaban vinculados o de que éste les retirara su confianza. Pero, con el discurrir de la era moderna, los poderes económicos no sólo se fueron emancipando del dominio de la autoridad política, sino que acabaron por erigirse en los dueños y patrones de ésta.
En 1694, y a propuesta del escocés William Patterson (la rapacidad económica de los negociantes escoceses no tardaría en convertirse en algo proverbial), el Parlamento inglés autorizó la creación de una banca de emisión cuya razón social completa sería The Governor and Company of the Bank of England. El capital social del recién creado Banco de Inglaterra, que ascendía a 1.200.000 libras, fue suscrito en su totalidad por inversores privados, y si bien el acta de su fundación no otorgaba a esa entidad ningún monopolio, tres años después, en 1697, una nueva disposición parlamentaria le concedió en exclusiva el privilegio de emitir moneda. A esta prerrogativa se le irían añadiendo con el transcurso del tiempo algunas otras (Carta de 1892, Acta de 1928) que no harían sino consolidar el poder de dicha institución.
Por lo que a Francia se refiere, el escenario económico de aquel país estuvo presidido durante un tiempo por dos personajes. El primero, un financiero de origen israelita llamado Samuel Bernard, fue el banquero personal de Luis XIV y de toda la corte gala. Sus relaciones con los ministros del rey le proporcionaba, entre otras ventajas, una información de primera mano de la que el acaudalado Bernard extraía la oportuna rentabilidad. La fortuna y posición de este financiero llegaron a ser tales que las más destacadas familias de la aristocracia francesa se disputaron el privilegio de emparentar con su descendencia.
No obstante, los últimos años del reinado de Luis XIV se vieron afectado por una progresiva crisis económica, que se acentuó aún más a la muerte del rey Sol. Fue entonces cuando emergió al primer plano la figura del escocés John Law, propietario de la poderosa Compañía Comercial de Occidente y de una entidad bancaria que, en virtud de un edicto de agosto de 1717, pasó a convertirse en la Banca Real, con todas las prerrogativas que ello comportaba, entre otras la de emitir papel moneda. Posteriormente, la desaforada gestión del financiero escocés no tardó en conducir a un crecimiento desmesurado de la circulación fiduciaria, lo que acabaría desembocando en el absoluto descrédito de los billetes emitidos por dicha institución bancaria, prácticamente carentes al final de respaldo y de valor efectivos. En diciembre de 1720 la actividad de la Banca Real fue suspendida, restableciéndose nuevamente el pago exclusivo en numerario metálico.
Las catastróficas consecuencias de aquella experiencia marcaron durante un tiempo tanto a los poderes públicos franceses como a la mayor parte de la población. Habría que esperar al clima generado por la Revolución Francesa para que el recelo de antaño diera paso a un ambiente más propicio para el desenvolvimiento del Gran Capital.
Albert Matiez, uno de los escasos historiadores de la Revolución Francesa que se interesó por los aspectos económicos de la misma, aportó en su día una documentación precisa acerca del papel desempeñado en su gestación y desarrollo por diversos financieros. Figuran entre los más relevantes el banquero Jacques Necker, director general de Finanzas y primer ministro de Luis XVI, Etienne Delessert, fundador y propietario de la principal compañía aseguradora francesa, Prevoteau, destacado financiero, y Nicolás Cindre, agente de cambio. A esta relación podrían añadirse los nombres del banquero lionés Fulchiron y de su asociado Givet, así como el del financiero Boscary, presidente de la Caisse D’Escompte y titular de varios cargos políticos de primer orden durante el episodio revolucionario. Todo esto, claro está, sin mencionar la participación de otros patrocinadores foráneos, de los que se dará cuenta más adelante.
Igualmente explícitos son los testimonios de dos destacados protagonistas de aquel evento. El primero de ellos, el revolucionario republicano Rivarol, dejaría escrito en sus memorias que “una multitud de agiotistas y capitalistas decidieron la Revolución”. No menos elocuentes fueron las palabras pronunciadas en la Convención por el diputado y miembro del Comité de Salud Pública Joseph Cambon:”La gran Revolución ha golpeado a todo el mundo, excepto a los financieros”; palabras que, aun siendo certeras, constituyeron un alarde de cinismo por parte de quien las pronunció, un sicario del nuevo régimen capitalista.
Una vez agotado el período convencional, la situación resultaría todavía más favorable para los intereses de la oligarquía económica. Durante el Directorio, los financieros y hombres de negocios coparon los puestos clave del gobierno y de la Administración, lograron la derogación en la Asamblea de la ley de 17 Germinal del año II (apenas aplicada mientras estuvo en vigor), que ponía algunas trabas al desenvolvimiento de sus actividades y, finalmente, acapararon el lucrativo negocio de los suministros al Estado.
El golpe bonapartista del 19 Brumario de 1799 acabaría por consolidar los intereses plutocráticos. Tan solo dos meses después de que Napoleón fuera proclamado Primer Cónsul nació el Banco de Francia, institución a la que le fue concedida desde su creación el privilegio de recibir en cuenta corriente los fondos de la Hacienda Pública, a lo que se añadiría tres años después la facultad exclusiva de emitir papel moneda. Todo ello tratándose, claro está, de una entidad de carácter privado, cuyo presidente y administradores eran nombrados por los 200 accionistas mayoritarios de la misma.
Por lo demás, son sobradamente conocidas las estrechas relaciones que Napoleón Bonaparte mantuvo con la Alta Finanza, hasta el punto que, pese a existir un poso de mutua desconfianza, el autócrata corso jamás emprendía una campaña militar ni adoptaba una decisión política comprometida sin recabar el parecer de sus banqueros. No menos conocidos son los gigantescos beneficios que las guerras napoleónicas reportaron al entonces llamado Sindicato Financiero Internacional (Baring, Hope, Boyd, Parish, Bethmann, Rothschild), al que el historiador británico Mc Nair Wilson atribuyó la caída de Napoleón a raíz de las medidas adoptadas por éste (bloqueo comercial sobre Inglaterra) en contra de sus intereses.
Inmediatamente después del desmantelamiento del régimen bonapartista comenzó a perfilarse el protagonismo hegemónico de la casa Rothschild, que en el transcurso de unos cuantos años se situaría en una posición de privilegio en el ámbito financiero del continente europeo.
El fundador de dicha dinastía de banqueros fue Meyer Amschel Rothschild, nacido el año 1744 (1743, según algunos biógrafos) en la localidad alemana de Frankfurt. Tras un breve período de estudios en la escuela talmúdica de su ciudad natal, el joven Rothschild ingresó como empleado en una casa de cambio de Hannover regentada un correligionario suyo llamado Oppenheim, donde se iniciaría en los fundamentos del negocio bancario. Debido a sus excepcionales dotes para los asuntos financieros, no tardó en ocupar un puesto relevante en la Banca Oppenheim, lo que le iba a permitir relacionarse con su más adinerada clientela. Fue precisamente por ese conducto como un día entró en contacto con el general von Estorff, quien, impresionado por su agudeza y visión comercial, le introdujo en la corte del Landgrave de Hesse-Cassel , que a la sazón constituía por entonces una especie de establecimiento mercantil donde se trataban todo tipo de negocios.
Coincidiendo con aquel suceso, que marcaría el inicio de su vertiginosa ascensión, Meyer Amschel contrajo matrimonio en 1770 con una joven hebrea llamada Gutta Schapper, y se estableció en un inmueble de Frankfurt, futura sede de su imperio económico.
Uno de los más lucrativos negocios de aquella época lo constituía el aprovisionamiento de mercenarios para los ejércitos de las monarquías europeas. Y justamente, los mayores organizadores de ese tráfico eran el príncipe Federico II de Hesse-Cassel y su hijo Guillermo IX. Meyer Rothschild, asociado de éstos, se encargaba de reclutar, equipar y alojar a la tropa hasta su embarque, percibiendo a cambio un porcentaje por cada operación. Huelga comentar la importancia que adquirió ese comercio a raíz de las guerras desatadas en Europa como consecuencia de la Revolución Francesa, así como los dividendos que reportó a sus principales promotores. Con todo, ésta no fue más que una de las múltiples fuentes de ingresos de nuestro financiero, como muy bien señalaría su principal biógrafo y panegirista, el conde Corti: “Allí donde había algo en que ganar, ya fuera comisión o expedición, ya se tratase de ropas o de vinos, o bien de artículos para los cuales había sido establecida la libertad de comercio, allí estaba presente la casa Rothschild”. Otra de las especialidades de la casa, no mencionada por el citado cronista, fue el contrabando, actividad de la que dan repetida cuenta varios informes policiales elaborados en 1812 y dirigidos al ministro del Interior francés, el duque de Rovigo.
En 1810, plenamente consolidado ya su negocio, Meyer Amschel redacta y formaliza un contrato por medio del cual asocia a sus hijos varones a la sociedad, que pasa a denominarse a partir de ese momento Meyer Amschel Rothschild e Hijos. Dos años más tarde, el 19 de septiembre de 1812, moría el fundador de la dinastía, dejando en su testamento la propiedad exclusiva de todos sus negocios a sus cinco hijos, cada uno de los cuales recibió una quinta parte del capital social. El acta testamentaria excluía explícitamente de cualquier participación en la empresa a sus hijas, a los maridos de éstas y a sus descendientes, si bien establecía la entrega a cada una de ellas de una estimable suma económica.
Como ya se apuntara líneas atrás, fue a partir de ese instante, y en el marco del nuevo escenario europeo configurado por la Revolución Francesa y las guerras napoleónicas, cuando la casa Rothschild emprendió una progresión imparable que la llevaría en pocos años a situarse a la cabeza de la finanza europea. Aunque no el único, el factor que más decisivamente contribuyó a tan fulgurante escalada fue el hecho de que cada uno de los cinco herederos se estableciera en una capital europea, lo que habría de permitirles en lo sucesivo coordinar sus estrategias y disponer en todo momento de una visión completa y no limitada a un sólo país de la situación reinante en el viejo continente.
La rama francesa de la casa Rothschild, que estuvo comandada en un principio por Salomón, pasó en muy poco tiempo de figurar en los archivos policiales por sus prácticas contrabandísticas, al pleno reconocimiento de la corte real y de la alta sociedad. En 1823, Luis XVIII solicita y obtiene de la firma un empréstito de 400 millones de francos, y unos meses después Salomón Rothschild es condecorado con la Legión de Honor por sus valiosos servicios a la causa de la Restauración. A lo largo de los años 1830,1831 y 1832 se suceden otros tantos empréstitos de la banca Rothschild al gobierno francés.
A partir de 1836 la rama francesa de los Rothschild pasa a ser dirigida por otro de los hermanos, Jacob, más conocido bajo el nombre de James. Éste negocia en 1844 un nuevo préstamo al gobierno galo cuyo montante asciende a 200 millones de francos, y del que se derivaría un sonoro escándalo. A raíz de aquel asunto el ministro de Finanzas francés fue acusado públicamente de subordinar los interese de la nación a la banca Rotschild. Poco después, en 1845, se produce un nuevo escándalo, como consecuencia de la concesión a la casa Rothschild de los Ferrocarriles Franceses del Norte. Una publicación aparecida al hilo de aquel acontecimiento (“Guerre aux Fripons”) daba cuenta del modo en que numerosos miembros de las dos Cámaras Legislativas, varios jueces y los periodistas más influyentes de aquel país, habían sido obsequiados por el dadivoso James Rothschild con miles de acciones de su recién creada compañía ferroviaria.
Mientras tanto, la hostilidad de la opinión pública, clamorosa en un principio, iba cediendo progresivamente merced a la intensa propaganda desplegada por los diarios más influyentes, que se dedicaban a destacar las obras filantrópicas de la poderosa Banca. Muy pronto la filantropía habría de convertirse en un recurso habitual de numerosos imperios financieros, que desde hace tiempo vienen dedicando parte de sus ingentes beneficios a dicho capítulo, cuya utilidad no sólo se deriva de su impacto efectista sobre la población, sino fundamentalmente de las posibilidades que ese conducto ofrece para (a través de las Fundaciones) penetrar y controlar amplios sectores de la vida social.
En cuanto a los restantes miembros de la saga, Amschel regentaba el establecimiento bancario de Frankfurt, Karl dirigía el de Nápoles, y Salomón, que en un principio figuró al frente de la rama francesa, acabó instalándose definitivamente en Viena, donde muy pronto se hizo con la amistad personal de Metternich y con las simpatías de la corte imperial. Por si eso fuera poco, el influyente Gentz, brazo derecho del canciller austríaco, le mantenía puntualmente informado de los asuntos de Estado, percibiendo a cambio una sustanciosa asignación mensual. Sus relaciones con la curia romana eran también óptimas, y fruto de ellas fue un importante empréstito negociado con el Estado Vaticano.
Finalmente, el quinto de los vástagos, Natham, se instaló en Londres. De su posición en la sociedad británica puede decirse que fue tan sólida o incluso más que la de sus hermanos en los otros países europeos. De hecho, el salón de su hija mayor se convirtió en el lugar más frecuentado por la aristocracia británica y las oligarquías económicas, políticas y sociales de aquel país. Tampoco estará de más significar el papel desempeñado por Nathan Rothschild en el conflicto que enfrentó a carlistas e isabelinos por el trono español. Un papel tan decisivo como rentable para aquél, ya que su apoyo financiero a la causa isabelina le valió, entre otras prebendas, la explotación en exclusiva de las minas de Almadén. Y dado que el otro gran yacimiento europeo de mercurio, ubicado en Istria, había sido comprado tiempo atrás al Estado austríaco por su hermano Salomón, la casa Rothschild pudo así acaparar en régimen de monopolio el mercado europeo de ese mineral.

les Bohémiens meridionels, ou Gitanes

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Rafapal aclara cómo se crea la guerra de sexos: Marbella 2010 (I parte) from Rafael Palacios on Vimeo.

En un artículo de G. Milcent publicado en el periódico “Le Compagnonnage” de mayo de 1926 y reproducido en  el “Voile d’Isis” de noviembre de 1927, hemos anotado esta frase: “Lo que me sorprendió, y me volvió también un poco escéptico, fue que el C.·. Bernet dice que él preside anualmente la elección del Rey de los Gitanos en Saintes-Maries-de-la-Mer”. Habíamos advertido hace tiempo dicha observación pero no habíamos querido levantar la cuestión. Ahora que ha sido presentada así públicamente, no tenemos ninguna razón para no decir algunas palabras tanto más cuanto que ello podría contribuir a aclarar algunos puntos no carentes de interés.

En primer lugar, no es un Rey al que eligen los Gitanos, sino a una Reina, y en segundo lugar la elección no se repite todos los años.  Lo que sí se realiza anualmente es la reunión, con o sin elección, de los Gitanos en la cripta de Saintes-Maries de la Mer. Por otra parte es muy posible que algunos, sin pertenecer a la raza gitana, sean admitidos a esta reunión y a los ritos que allí se desarrollan, en razón de sus cualidades o de sus funciones. Pero en lo que respecta a “presidirla” es ya otro asunto, y lo menos que podemos decir es que nos parece inverosímil. Pero como la citada afirmación apareció la primera vez en una entrevista publicada hace tiempo por el “Intransigeant“, queremos creer que las inexactitudes que contiene deban simplemente imputarse al periodista, quien, como suele suceder, habrá “reforzado” la nota para despertar la curiosidad del público, tan ignorante como el periodista en lo que se refiere a estas cuestiones, y, por tanto, incapaz de percibir sus errores.  Así que no pensamos insistir sobre el tema más de lo necesario: el verdadero interés reside en la cuestión más genérica de las relaciones que puedan existir entre los Gitanos y las organizaciones del Compañerazgo.

Milcent, en su artículo, prosigue diciendo “que los Gitanos practican el rito judío, y que podrían existir relaciones con los CC.·. canteros “Extranjeros del Deber de la Libertad”. La primera parte de esta afirmación nos parece que contiene una inexactitud o al menos un equívoco: es cierto que la Reina de los Gitanos porta el nombre, o mejor el título, de Sarah, nombre también de la santa que reconocen como patrona y cuyo cuerpo descansa en la cripta de Saintes-Maries. Es cierto también que dicho título, forma femenina de Sar, es hebreo y significa “princesa”. ¿Pero es esto suficiente como para hablar de un “rito judío”? El Judaísmo pertenece a un pueblo cuya religión es estrechamente solidaria de la raza; ahora bien, los Gitanos, cualquiera que pudiese ser su origen, nada tienen en común con la raza judía. Sin embargo ¿no sería posible que existieran a pesar de todo relaciones debidas a afinidades de carácter más misterioso?

Cuando se habla de los Gitanos es indispensable hacer una distinción demasiado frecuentemente olvidada: hay en realidad dos tipos de Gitanos que parecen ser absolutamente extraños entre sí, y que inclusive llegan a tratarse como enemigos; no tienen las mismas características étnicas, ni hablan la misma lengua, ni ejercen los mismos oficios. Por un lado están los Gitanos orientales o Zíngaros que son principalmente domadores de osos y caldereros; por otro lado están los Gitanos meridionales o Gitanos propiamente dichos1, llamados “Caraques” en la lengua de Oc y en Provenza, y que son casi exclusivamente tratantes de caballos: solamente estos últimos son los que se reúnen en Saintes-Maries. El marqués de Baroncelli-Javon, en un curioso estudio sobre “Los Gitanos de Saintes-Maries de la Mer”, indica numerosos rasgos que les son comunes con los Pieles Rojas de América, y no duda, en virtud de esas coincidencias, y también como resultado de la interpretación de sus tradiciones, en atribuirles un origen atlante.  Bien que se trata sólo de una hipótesis, de todos modos es digna de tenerse en cuenta.  Pero aún cabe una observación que no hemos visto señalada en ninguna parte y que sin embargo es extraordinaria: así como existen dos tipos de Gitanos, también existen dos tipos de Judíos, los Ashkenazim y los Sephardim, a los cuales podrían aplicarse consideraciones análogas en lo que concierne a las diferencias de rasgos físicos, de lengua, de aptitudes, y que,  tampoco ellos, mantienen siempre las relaciones demasiado cordiales, pues cada uno de ellos pretende representar por sí solo el puro Judaísmo, sea en el aspecto racial, sea en el de la tradición.

Hay inclusive, con relación a la lengua, una semejanza bastante sorprendente: ni los Judíos ni los Gitanos tienen, a decir verdad, una lengua completa, propia y definitiva, al menos en lo que hace al uso corriente.  Tanto unos como otros se sirven de la lengua de las regiones en donde viven, entremezclando algunas palabras que les pertenecen, hebreas en el caso de los Judíos, y, en el caso de los Gitanos, palabras que les vienen también de una lengua ancestral de la cual constituyen los últimos restos. Estas semejanzas pueden explicarse considerando la condición de existencia de estos pueblos forzados a vivir dispersos en medio de extranjeros. Pero hay una cosa que no puede explicarse tan fácilmente: y es que las regiones recorridas por los Gitanos orientales y los Gitanos meridionales son precisamente las mismas que habitan respectivamente los Ashkenazis y los Sefardíes; ¿no sería demasiado simple pretender explicar esto como si se tratara de pura coincidencia?

Estas consideraciones nos llevan a pensar que, si bien no hay vínculos étnicos entre ambos pueblos,  quizás existan otros que podríamos calificar de tradicionales, sin detenernos más en precisar su naturaleza. Ahora bien, lo dicho nos lleva al tema del epígrafe del cual nos hemos alejado sólo aparentemente: las organizaciones del Compañerazgo, en las cuales evidentemente no cabe el problema étnico, ¿no podrían tener a la vez vínculos de igual tenor, sea con los Judíos, sea con los Gitanos, o inclusive con los dos al mismo tiempo? Por el momento al menos no tenemos intención de explicar el origen y la razón de tales vínculos, pero nos conformaremos con llamar la atención sobre determinados puntos: ¿No están los “Compañeros” divididos en diferentes ritos rivales, y que, frecuentemente se encuentran en relaciones más o menos hostiles? Sus viajes ¿no comportan itinerarios según los ritos y con vinculaciones igualmente diferentes? ¿No cuentan de algún modo con un lenguaje particular, cuya base está formada por la lengua corriente, pero distinguiéndose de ella en que usan términos especiales, tal como sucede en el caso de los Judíos y los Gitanos? ¿Acaso no es cierto que se usa el vocablo “jerga” para distinguir aquel lenguaje convencional usado en ciertas sociedades secretas, y particularmente por el Compañerazgo, tal como los Judíos lo usan para denominar el suyo propio?  Y además ¿ no es cierto acaso que en algunas localidades rurales a los Gitanos se les llama “transeúntes”, nombre por el cual terminan confundidos con los buhoneros, y que es, como se sabe, una designación que se aplica igualmente a los Compañeros?  Y para terminar, la leyenda del “Judío errante” no podría derivar, como muchas otras, originalmente del Compañerazgo?
Podríamos sin lugar a dudas multiplicar estos interrogantes, pero consideramos que los planteados son suficientes, y que investigaciones dirigidas en este sentido podrían arrojar una luz insospechada sobre ciertos enigmas. Quizá podamos volver nuevamente sobre el tema, si fuera necesario, y agregar nuevas consideraciones, complementarias de las actuales, pero por otra parte, los “Compañeros” de hoy ¿se interesan realmente por lo que atañe a sus tradiciones?

Publicado en el “Voile d’Isis”, octubre de 1928, París.
NOTAS
1 N. del T:  El texto francés es el siguiente: “…les Bohémiens meridionels, ou Gitanes”. El  término “Bohemio” en castellano se interpreta entre otras acepciones como “Gitano”. Pero hemos preferido no usarlo por la confusión que podría dar lugar, ya que inclusive Guénon toma “Bohémien” como nombre genérico de ambos tipos de Gitanos, cuando en realidad se aplica propiamente a los Gitanos orientales. Inclusive “Bohemio” en castellano es equivalente a checo, o lengua checa