Enrique de Diego.- El Partido Popular, que aparentemente

RAJOY MAD MEN
Enrique de Diego.- El Partido Popular, que aparentemente se muestra indiferente al descalabro que muestran las encuestas, ha reaccionado con virulencia semántica a las manifestaciones de acoso a las viviendas familiares de sus dirigentes. La reacción, marcada por el pavor del acobardado, también se ha abismado en la ignorancia del acomodado. Los participantes en los escraches, organizados en torno a las Plataformas Stop Desahucios y de Afectados por la Hipoteca, han sido presentados, en una escalada de desmesura patética, primero como etarras, luego como nazis o en ambientación guerracivilista. Y no sólo ha sido la proteica incompetente Cristina Cifuentes, que siempre tira a lo demente, pues pertenece a esa plaga de políticos profesionales, que está hundiendo a la sociedad española, una becaria sempiterna pepera aduladora y trepa: ese tipo de gente que es débil con los fuertes y fuerte con los débiles; sino también María Dolores de Cospedal, la esposa de Ignacio López del Hierro, la misma que con una mano cierra urgencias de pueblos y con la otra acumula cuatro sueldos, una simple caradura sin lecturas.
Desde luego lo que no son los nefastos peperos, preñados de corrupción y ahítos de nepotismo, son nada parecido a los judíos, pues los judíos nunca detentaron el poder político –dejó para otros las elucubraciones sin sustancia- y es obvio que el PP sí. Los del PP no son las víctimas, sino los verdugos y a ello apunta clamorosamente la tendencia a convertir al Cuerpo Nacional de Policía en su guardia pretoriana, en un cada vez más peligroso abuso de poder en manos de gente como Cristina Cifuentes, que siempre tiende a lo incompetente y a lo demente.
Esa exhuberancia de ignorancia en las identificaciones sólo es una exacerbación del miedo ante la indignación popular. El PP, que es una floración apestosa de corrupción moral, está sacando también argumentarios rancios y periclitados: reivindica la legitimidad de los votos, pero es notorio que un creciente sector de la población ha caído en la cuenta de que esto no es una democracia sino una cleptocracia en la que todos los dirigentes del PP están bajo la sospecha de cobrar en negro mientras persiguen la economía sumergida y en la que el PP está bajo sospecha de saltarse la Ley de manera sistemática como si fuera una especie de mafia: donaciones, por ejemplo, muy por de las que permite la Ley y por constructoras favorecidas por administraciones corruptas del PP. No es baladí recordar que todos y cada de los pelotazos de Urdangarín los dio con administraciones del PP (Madrid, Valencia, Baleares). Les falta autoridad moral, les falta legitimidad.
El PP se queja de que no hubo manifestaciones similares contra el PSOE y aduce algunos argumentos más falsos que un Judas de plástico, como que el PP no ha tenido nada que ver con las preferentes, que fueron permitidas por Zapatero y el Banco de España de Mafo. Eso es media verdad. En Bankia –en CajaMadrid y Bancaja-, en la Caja de Ahorros del Mediterráneo, en las cajas gallegas, en las castellanas, en las navarras, mandaban cargos corruptos y saqueadores del PP. El PP tiene todo que ver con la estafa de las preferentes. La estafa de las preferentes es una estafa del PP. También el desastre inmobiliario viene de la mediocridad megalómana del cortoplacista José María Aznar, una lacra.
Rajoy y sus políticos profesionales también dicen que los escraches son la izquierda que trata de ganar en la calle lo que perdió en las urnas. El PP no se ha leído las encuestas. Está ya muy lejos de los resultados electorales que fueron el fruto de un voto de castigo al PSOE. Todos los ministros suspenden. El presidente, a fuer de mentiroso, carece de credibilidad. El PP tiene muy debilitada su legitimidad de ejercicio.
Es notorio que los escraches tratan de coaccionar a los diputados del PP para que aprueben la postura de la Iniciativa Legislativa Popular relativa a la dación en pago con carácter retroactivo. Tratan de forzar la “voluntad popular”, aducen los del PP. Pero eso es una acción legítima de la sociedad civil. Es preciso recordar que en España no hay, en la práctica, posibilidad alguna de referéndum popular y las iniciativas legislativas son pura retórica. La participación, y la democracia, está secuestrada por una casta parasitaria que saquea al ciudadano y que se ha movido con una total impunidad: ya son cuatrocientos los imputados y no hay sentencias, nadie está en la cárcel. Rodrigo Rato ha sido fichado por Telefónica y Urdangarín se irá a entrenar al equipo de balonmano de Qatar. Motivos para la indignación existen en grado sumo. Esto es una vergüenza y una canallada sin paliativos. Y Rajoy y el PP son culpables.
Esa coacción se ha manifestado hasta el momento en climas pacíficos, siendo lo más chocante los despliegues policiales, propios de una tiranía. El exdiputado ese que va repartiendo “ostias” por twitter parece un simple macarra que no habla de la realidad, porque ni sus hijas ni las de nadie han sido agredidas. Parece mentira que gente así haya llegado al Congreso de los Diputados. El PP está lleno de tales mediocridades. La marisabidilla incompetente de Soraya Saénz de Santamaría ha aducido que su casa es su ámbito de privacidad, el terreno de su familia. Argumento falaz: lo primero que hizo Soraya Saénz de Santamaría al llegar al poder fue colocar a su esposo como directivo de Telefónica con un sueldo elevado. Esperanza Aguirre colocó a su hijo y a su hermana. El nepotismo pepero es abrumador y ofensivo. El finiquito de Jesús Sepúlveda, incurso en sumario de corrupción, fue de 229.000 euros. Ana Mato sigue al frente de un Ministerio. Las pruebas son concluyentes: tanto la corrupción como el nepotismo están generalizados en el PP. Hay listas de familiares de dirigentes del PP –toda la familia de Ignacio González, por ejemplo- colocados que muestran un abuso de poder irrestricto. O los 104 que colocó Baltar en la Diputación de Orense, heredada por su hijo. “Que se jodan”, como dijo Andrea Fabra, hija de Carlos Fabra, cuyo sumario se abrió en 2003 y que es un escándalo que muestra la degradación de la Justicia.
Mientras tanto, millones de españoles no distinguen ya el fin del primero de mes. La visión de una casta privilegiada que se enriquece cada vez más clama al cielo, es de una notoria injusticia y la rebelión cívica está totalmente justificada, es un derecho natural y una muestra de dignidad.
El mentiroso contumaz Rajoy y sus políticos profesionales se han saltado su programa y se han dedicado a saquear a las clases medias para favorecer a los bancos, a cambio de que tapen toda la corrupción del PP existente en las cajas. Quienes hundieron las cajas, miembros del PP, siguen en la calle y respaldados por ese partido. Están proletarizando a las clases medias, llevándolas a la indigencia y al hambre, mientras Cospedal y López del Hierro se enriquecen a ojos vista. Cospedal también ha colocado a López del Hierro que ya estaba en la Corporación Industrial de Caja CastillaLa Mancha. Erradicar al PP es un objetivo patriótico, legítimo y que ha de ser común.
Otra cosa es que junto a reivindicaciones legítimas, se está poniendo en circulación demagogia averiada de respaldo a un intervencionismo del Estado en niveles totalitarios que cuestionan y agraden a la propiedad privada. Es el caso de la corrupta Junta de Andalucía. La Junta de Griñán es otro antro de corrupción y nepotismo y ni tan siquiera tiene capacidad, en su embrollo burocrático, para llevar a cabo ninguna política expropiadora de vivienda. La solución para España es cerrar la Junta de Andalucía y todas y cada una de las autonomías. O conceptos esotéricos y planificadores como alquiler social. Los bancos deben devolver el dinero saqueado al contribuyente. Los corruptos del PP –y de todos los partidos, aunque los del PP son los más corruptos de todos, los más corruptos de la historia de España- deben devolver todo lo robado e ingresar en prisión. En un Estado de Derecho, con independencia del Poder Judicial, la cuestión sería la ilegalización del PP.
Puede decirse que lo asombroso es que en España, a estas alturas, no haya un estallido social y sólo haya escraches: una acción legítima y digna de la sociedad civil.

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