Apuleyo pudo ser cambiado en asno?

Ya hemos dicho que San Agustín se preguntaba si Apuleyo pudo ser cambiado en asno, y despuésvuelto a su primitiva forma. El mismo doctor podía preocuparse igualmente de la aventura de loscompañeros de Ulises, cambiados en cerdos por Circe. Las transmutaciones y la metamorfosis hansido siempre, en concepto del vulgo, la esencia misma de la magia. Ahora bien, el vulgo que sehace eco de la opinión, reina del mundo, ni tiene perfectamente razón, ni esta enteramentedescaminado.

La kriptonita era un mineral que debilitaba a Supermán y, en las altas esferas, el ministerio público español parece haberse empachado de tanto usarla. O, al menos, parece que no tuvieran fuerzas ni ganas para incomodar a la infanta Cristina o a José María Aznar, haciéndoles visitar los palacios de Justicia. El mismo organismo –aunque con distintos titulares– que se niega a devolverle al joven kurdo Hocma Joma el zapato que lanzó contra el primer ministro turco Erdogan por considerarlo “instrumento del delito”, ha defendido con denuedo a Miguel Blesa para que el mago de las preferentes salga de prisión por la puerta grande y sonrisa de papel cuché.

Aunque la legislación española no reserva a los fiscales necesariamente la función de acusadores, llama la atención que en los últimos meses se conviertan en paladines de los todopoderosos cuando en la mayor parte de los casos unos se limitan a ejercer de inquisidores de robagallinas por un quítame allá cualquier tecnicismo aunque otros afrontan serenamente esa función suya de pesquisidores de la verdad procesal, que no tiene que coincidir necesariamente con la verdad objetiva, si es que existe.

Sabemos para qué sirven los jueces: para imputar al historiador Gerardo Rivas denunciado por Falange Española por hablar de sus crímenes contra la humanidad o para apartarles de la carrera judicial si deciden sentar al franquismo en el banquillo de los acusados. Esa doble vara de medir parecer ir convirtiéndose en norma y no en excepción, pero no sólo bajo la toga de uno de nuestros principales poderes democráticos.
¿Para qué sirve un fiscal? Tendrá que definirlo la nueva ley de enjuiciamiento criminal. Somos muchos los partidarios de que sean ellos quienes asuman la instrucción de un sumario y que el juez asuma su condición de protector de las libertades y de las garantías procesales. Sin embargo, visto lo visto, no estaría de más que al menos el cargo de Fiscal General del Estado y quizá los correspondientes a los tribunales superiores de las autonomías, siguieran el modelo estadounidense y los candidatos a ocuparlo se presentasen periódicamente a las elecciones. Al menos, así se someterían al escrutinio del mejor jurado, o séase, el pueblo soberano ejerciendo su derecho al voto. De tal forma no darían la sensación de que actúan al dictado de aquellos que entienden, por ejemplo, que una mayoría absoluta les brinda una licencia para ejercer el absolutismo.

Sería cojonudo verles arengar a sus votantes, asegurándoles que extremarán los márgenes legales para arrinconar a las mafias internacionales que blanquean en la Costa, a los narcos de los que ya nadie habla en Galicia o en el Estrecho y que a veces también visten uniformes. Les habríamos aplaudido si prometieran, durante su campaña, que en la lucha contra los desahucios, primarían el derecho a la vivienda que proclama la Constitución y que debería estar por encima a los bienes muertos que la propiedad privada no usa.
No digo yo que tengan que encausar a los bocazas de la CEOE por lamentar que todavía haya cuatro días por entierro: al paso que vamos, con los recortes en sanidad y en la ley de la dependencia, es bastante probable que se multiplique el número de difuntos y no está probado que ello redunde a favor de las pensiones. Tampoco estaría mal que persiguieran a los ministros, consejeros o subsecretarios que van por ahí podando becas, municipios o quirófanos, pero al menos nos conformamos que vayan a juzgar a quienes empezaron a privatizar la salud de Madrid, aunque nadie apuesta un maravedí a que el procesamiento llegue a buen puerto.
Al menos, me gustaría oírles a los fiscales, aunque fuera en periodo electoral, asegurar que el único blindaje legal de este país no debiera ser el de la Casa Real, el de los presidentes o ex presidentes, o, en menor medida, el de los aforados, sino el de la defensa de un sistema que también hace aguas cuando quien debiera representarnos a todos antes, durante o después de una sala de vistas, sólo parece representar los intereses de quien le designó para el cargo.
A pesar de las excepciones, que haberla haylas tanto a título individual como colectivo, este gremio no parece darse cuenta de que no está en peligro la monarquía, que ya ella se encarga de destruirse a sí misma. No sólo corre riesgo la llamada clase política, o el sindicalismo bombardeado por tierra, mar y aire e incluso desde dentro. No se dan cuenta de que este sistema está agonizando y, a mis cortas luces, no lo sustituirá la utopía sino la barbarie. Vivimos tiempos medievales en los que monseñor Rouco ya no se contenta solo con que la religión sea una asignatura obligatoria sino que tendría que ser indisoluble como el matrimonio canónico, para el alumno que decidiera contraer dicho sacramento lectivo. Quizá sea lo que algunos fiscales busquen, volver a la edad de las tinieblas y que salga a concurso de nuevo la plaza de Torquemada en el prestigioso Tribunal del Santo Oficio.

hamlet: y dale con la falange…..

Anuncios

A PROPÓSITO DEL TOTALITARISMO

Alain de Benoist.- Notable cuadro descriptivo de las prácticas totalitarias del siglo XX, la obra colectiva “Une si longue nuit” (“Una noche tan larga”), publicada bajo la dirección de Stéphane Courtois, permite zanjar definitivamente ciertos puntos controvertidos, empezando por la legitimidad política y moral que resulta de la comparación entre la Alemania nazi y el comunismo soviético, y que llega a considerar estos dos regímenes más allá de lo que los distingue como representantes típicos de una forma política radicalmente nueva: el totalitarismo.
Falta por saber si el totalitarismo, como producto innegable de la modernidad, ligado en su práctica a la racionalidad tecno-burocrática de las sociedades industriales, no tiene también cierto parentesco con otras formas políticas modernas. George L. Mosse pudo escribir que «en una reunión nazi de masas, Robespierre se habría sentido plenamente como en su casa». Algunos podrían establecer también un paralelismo entre el jacobinismo de 1793 y lo que Jacob Talmon llamó la «democracia totalitaria». Jacques Julliard afirmó por su parte: «El totalitarismo es, quizá, la democracia menos el sistema liberal representativo». Palabras que parecen contradecir la alternativa contenida en el título de la colección donde aparece esta obra: «Democracia o totalitarismo».
Pero podríamos ir más lejos. Preguntarse acerca del totalitarismo exige, en efecto, examinar la mentalidad que lo sostiene, identificar la naturaleza de sus aspiraciones. El fenómeno totalitario está fechado históricamente; pero la mentalidad que lo hace posible viene sin duda alguna de más lejos.
Los regímenes totalitarios han masacrado a gran escala y de una manera antes nunca vista. Pero ¿por qué lo hacen? Los amos de dichos regímenes no masacran por placer –hay que recordarlo–, pero no sabemos por qué considerarían necesarias dichas masacres. No basta con describir el crimen; hay que preguntarse por las motivaciones del criminal.
Podríamos evocar aquí temas como la absolutización de la subjetividad («sólo me interesan los míos, los demás hombres son demasiados»), el deseo titánico o mesiánico de crear un «hombre nuevo» –deseo acorde con la exaltación del novum propio de la ideología del progreso– o incluso el tema del tercero excluido, que consiste en considerar al mundo dividido en dos campos, uno de los cuales debe desaparecer («quien no está conmigo está contra mí»). Pero el corazón del totalitarismo está en otra parte. Lo que los regímenes totalitarios buscan cuando quieren erradicar al «enemigo de clase» o «de raza», no es solamente suprimir cualquier oposición. Es alinear el conjunto del cuerpo social en un modelo único que se presume como el mejor. En el fondo, la pasión de lo Mismo, la voluntad de reducir a lo único cualquier diversidad humana, cualquier complejidad de lo social, es lo que los lleva a suprimir cualquier diferencia, cualquier desviación, cualquier pluralidad.
Para definir esta voluntad por uniformar podríamos aludir a la ideología de lo Mismo y trazar su genealogía. Hace mucho, dicha ideología se limitaba a establecer que los hombres –más allá de lo que los distinguía en su existencia concreta– eran portadores de un alma que los ponía en una relación de igualdad ante Dios. Pero en la era moderna esta idea fue rebajada a la esfera profana. A la idea de que todos los hombres son fundamentalmente los mismos se suma la convicción de que también lo debían ser aquí abajo, al precio de suprimir las diferencias. En suma, se trata de hacer siempre a los hombres más semejantes. Es lo que los regímenes totalitarios han intentado hacer, sólo que con mayor brutalidad.
Si admitimos que esta pasión por lo Mismo está en el corazón del totalitarismo, entonces las formas que éste asume se vuelven secundarias. Si definimos al totalitarismo no por sus prácticas ni por sus métodos, sino por su intención y su finalidad, se nos revela otra visión. La cual nos conduciría a responder sin optimismo la cuestión que plantea Courtois: «Sólo el futuro dirá si el fenómeno totalitario no ha sido más que un paréntesis en el corazón del siglo XX, o si sigue su curso bajo una forma nueva en el siglo XXI».
Así, la ideología de lo Mismo se encuentra más que nunca en marcha.
El irresistible movimiento de globalización, de esencia tecnoeconómica y financiera, cada día tiende más a desarraigar a los pueblos y las culturas, a las identidades colectivas y los modos de vida diferenciados. Los poderes públicos disponen además, hoy en día, de medios de control que los antiguos regímenes totalitarios apenas pudieron soñar. ¿No sería posible llegar con suavidad, e incluso con el consentimiento de las víctimas, al estado de uniformidad que los sistemas totalitarios intentaron instaurar mediante la violencia? Tocqueville y Nietzsche, en registros muy diferentes, parecen haberlo previsto. El planeta transformado en un inmenso mercado homogéneo, una sociedad de vigilancia que poco a poco impone su designio: la «nueva forma» del totalitarismo no puede ser otra más que ésta

http://www.alertadigital.com/2013/06/22/a-proposito-del-totalitarismo/

El precio del progreso

El grupo municipal de IU en el Ayuntamiento de Badajoz va a proponer una moción en el próximo pleno previsto para el mes de julio orientado a la puesta en marcha de un plan de inserción sociolaboral de lucha contra la discriminación del colectivo LGTB, que representa a las personas lesbianas, gays, transexuales y bisexuales.
IU pretende que el mercado laboral dé prioridad a los gays y las lesbianas antes que a los parados heterosexuales. “Es necesario un plan de creación de puestos de trabajo, independientemente de con quién se acueste el desempleado o qué gustos sexuales tengan. Todos tenemos que comer, algunos tenemos familias a las que alimentar y quisiéramos ver que IU pone en marcha iniciativas de apoyo a familias con niños en situación de pobreza, que exijan un plan a sus respectivos ayuntamientos para que, aunque no seamos inmigrantes, se nos ayude”, ha señalado un parado extremeño de larga duración tras conocer la noticia .
La moción, que el grupo de IU defenderá en la próxima sesión plenaria con motivo de la celebración el 28 de junio, Día del Orgullo LGTB, fue presentada ayer por el concejal Felipe Cabezas y el coordinador federal del área de Libertad de Expresión Afectivo Sexual de IU, Alberto Hidalgo.
Según informó IU, la propuesta nace de la formación a nivel nacional y se presentará en todos los consistorios “para poner en valor la riqueza social de la diversidad de cara a contribuir a la consecución de la igualdad real”.

Por David Topí
Meditar es una de las actividades que mas benefician en todos los sentidos a nuestra salud física y mental. La contemplación interior, el silencio, la relajación, la visualización de imagenes y escenas placenteras si se quiere, provocan una gran sensación de bienestar cuando se hace regularmente. Ahora bien, ¿que significa exáctamente meditar? ¿como se hace eso de poner la mente en blanco? ¿hay que realmente dejar de pensar en todo para meditar? ¿como sé que lo estoy haciendo bien?
Meditar es una práctica que con el tiempo se mejora, pero para aquellos que no se han iniciado aún, estas preguntas son comunes. ¿Es dificil meditar? ¿Debo hacer yoga o alguna otra disciplina para hacerlo bien? La respuesta es no. Para meditar no hace falta nada mas que tu, un lugar comodo y tiempo por delante en el cual nadie vaya a molestarte.
Dejar la mente en blanco
Se dice que cuando se medita hay que dejar la mente en blanco. En realidad es bastante dificil apagar el incesante parloteo de la mente que genera miles de pensamientos sin parar. Nuestra identificación con esos pensamientos nos tiene todo el día sumido en un constante ruido mental, cual procesador de ordenador que no deja de ejecutar instrucciones y elaborar ideas. Si pudieramos apagar nuestra mente, deshacernos de ella por un momento, o al menos ignorar todo ese murmullo que se cuece en nuestra cabeza estaremos cerca de lo que se dice “dejar la mente en blanco”. Pero esto no es del todo necesario al principio y ademas es bastante complicado de conseguir. Require esfuerzo, paciencia, práctica. Requiere descubrir ese ínfimo espacio que existe entre un pensamiento y otro, en el cual no hay nada, y concentrarte en él, hacerlo cada vez mas grande, de forma que al final, todo lo que cuente para ti sea ese espacio en blanco, vacío, que ocurre entre idea e idea.
Llegar a este nivel, a no prestar atención a nada mas que al vacío entre pensamientos, a desconectar si se puede la mente y separarla de nuestro yo, de nuestra esencia, es el objetivo de aquellos que realizan la meditación como forma de introsprección personal.
Nuestra mente, aliada y enemiga
Como habíamos comentado alguna vez, la mente genera mas de 65000 pensamientos al día. Es una máquina de procesar datos tomados de todos los sentidos de nuestro cuerpo y almacenarlos, gestionarlos, tomar decisiones, dar ordenes, etc. La mente no para nunca, y por ello mismo a veces es más nuestra enemiga que nuestra aliada. La mente es el ordenador central de nuestro cuerpo, pero no es la entidad que lo controla. Esa entidad somos nosotros, tu ser interior, tu esencia. Si la mente se parara, quedarías solo tu, el “yo verdadero”, el que mora este cuerpo el cual estás ahora usando como medio de expresión en el mundo.
Nuestra mente, además, es la “creadora” de lo que podríamos llamar nuestro “ego” o nuestra personalidad interior física. El ego no es el ser interior que habita este cuerpo, sino la energía que da forma a los procesos mentales recibidos y generados. El ego es como la personalidad generada por nuestra mente a partir de datos de entrada a lo largo de muchos años: sentimientos, emociones, pensamientos, traumas, problemas, alegrías. De ahí las diferentes facetas del ego y sus arquetipos.Pero ni la mente ni el ego somos nosotros. Y cuando queremos meditar profundamente, hemos de dejar a ambos a un lado y centranos en el ser interior que somos de verdad.
Como meditar
Meditar, para empezar, es vivir el momento e instante presente. Si la mente y el ego viven siempre en el pasado y en el futuro (intenta encontrar un pensamiento en tu cabeza que no tenga que ver con algo que ha pasado o con algo que esperas que pase), el ser interior, tu yo verdadero, solo conoce el presente. Vivir en el presente, como a veces se dice, es vivir tomando plena conciencia de este momento, los sonidos, la posición, el tacto, el ambiente. Exactamente lo que esta pasando ahora, y mantenernos ahí.  Cuando conseguimos mantener nuestra atención focalizada constantemente en el presente, en lo que estamos haciendo ahora, con nuestros cinco sentidos alerta, estamos ejecutando el proceso de meditar. Podemos meditar fregando los platos, subiendo una escalera o planchando la ropa. Lo importante es la actividad mental, donde esta puesta la concentración y quien tiene el control, tu mente o tu ser interior. Cuanto mas tiempo le dés a este último para que sea quien guíe tu vida, mas fácil te sera disfrutar de esta.
Crear un ritual
Además de poner toda tu atención en cada una de las actividades cotidianas de forma que la mente no este sujeta ni al pasado ni al futuro, sino que todo lo que entren por tus sentidos sea el “ahora”, crear un ritual de meditación regular, en un sitio concreto ayuda a que el proceso cuaje en nosotros y se integre en nuestra rutina diaria. Lo único importante es escoger un momento del día que sepamos que vamos a estar relajados y sin ser interrumpidos. Podemos crearnos nuestro rincón especial en casa, poner incienso o velas si queremos, o música relajante. El hacerlo regularmente en el mismo sitio crea un hábito gracias al cual nos será más fácil entrar en estado de relajación mental.
¿Que hacemos cuando meditamos?
El hecho de sentarse a meditar puede usarse para muchas cosas. Puede usarse para entrar en comunicación con tu ser interior, tu intuición, alma o como quieras llamarlo. Intentar obtener respuestas a preguntas o inquitudes, escuchando no a tus pensamientos sino a lo que pueda venir de más adentro. Se puede usar para relajar completamente el cuerpo, ayudar a su curación y recuperación, se puede usar para visualizar nuestros objetivos y deseos que queremos se manifiesten, etc.
Tampoco hay que luchar contra esa mente que nos sigue mandando pensamientos y nos distrae, sino convertirnos en meros espectadores de los mismos, porque si te identificas con tu yo interior, puedes posicionarte como observador de lo que tu mente esta creando y manipulando, y no dejarte engañar por ello. Porque tu no eres tu mente. Y la meditación  es la práctica que te puede ayudar a darle más luz a lo que hay detras de ella, en tu interior, y en consecuencia obtener los beneficios que puede traernos a todos los ambitos de nuestra vida.