los excesos delmisticismo- Opus Dei tiene nombre: Federico Trillo

Que nadie se engañe con el movimiento religioso de nuestra época, iniciado por Chateaubriand ycontinuado por Lemenais y Lacordaire, este movimiento no es retrogrado y no elude laemancipación de la conciencia humana. La humanidad se había revelado contra los excesos delmisticismo que afirmando la libertad absoluta de Dios, sin admitir en el necesidad alguna,aniquilaba la justicia eterna y absorbía la personalidad del hombre en la obediencia pasiva, el Verbohumano, en efecto, no podía dejarse devorar así, pero las pasiones ciegas buscan llevar la protesta ala extremidad contraria, haciendo proclamar la soberanía única y absoluta del individualismo humano.

Recordamos todavía el culto de la Razón, inaugurado en Notre-Dame, y dos hombres deSeptiembre que maldecían a Saint-Barthelemy. Estos excesos pronto producirían las lesiones y larepugnancia; pero la humanidad no renuncio por eso a lo que consideraba necesario y su protesta.Chateaubriand vino, entonces, a desengañar a los espíritus que habían sido desviados por loscalumniadores de la Iglesia. El hizo amar la religión, mostrarla humana y razonable; el mundo tenianecesidad de conciliarse con su Salvador, pero es reconociéndolo como se es verdaderamentehumano, que se dispone a adorarlo de nuevo como el verdadero Dios.

Max y Stacy hablan de la etiqueta #AngloTapes y de los banqueros mafiosos en el corazón de la estafa del Banco Anglo Irish. En la segunda mitad, Max habla con el periodista y autor, Andrew McGettigan, sobre los intentos del gobierno del Reino Unido de vender su cartera de deuda estudiantil de 40 mil millones de libras.

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El Opus Dei fundacional dio personalidades de bandera, ejemplares en la vida pública y que hicieron el bien a manos llenas. Personas como Alberto Ullastres, Laureano López Rodó o Gregorio López Bravo. A los dos primeros tuve la fortuna de conocerlos. A su pesar, resultaban polémicos porque su coherencia de vida representaba una bofetada moral. Santificaban el trabajo, se santificaban con el trabajo y santificaban a los demás con el trabajo. Eran muy buenos profesionales y humildes. Recuerdo a Gregorio López Bravo sentado en el suelo en una tertulia con San Josemaría en el Colegio Tajamar.
Aunque las comparaciones son odiosas, en el actual gobierno de Rajoy hay tres ministros que pertenecen al Opus Dei: Jorge Fernández, Luis de Guindos y Miguel Arias Cañete. Ni tan siquiera escandaliza el dato, ni escandalizan ellos, en el buen sentido de signo de contradicción. Son como los demás, con sus mismos vicios, sus mismas componendas y sus mismas corrupciones o corruptelas. Daría lo mismo que fueran adventistas o chipiritifláuticos. Se han mimetizado con el paisaje y son sistema puro y duro. Han caído en lo que execraba San Josemaría Escrivá de Balaguer y que con tanta claridad, tanta fuerza y tanta visión sobrenatural avisaba en su texto conocido como “La tercera campanada”.
Quienes perteneciendo al Opus Dei están en la vida pública mienten al igual o más que el resto de los políticos; demuestran tener la misma falta de honradez, como se ve en los casos de Juan Cotino, maestro de todos los innumerables corruptos valencianos, o Jesús Pedroche, en el Consejo de Administración de Bankia. En algunos casos, no se entiende que se corrompan cuando no lo necesitan. La sal se ha vuelto insípida y ha devenido una crisis de vocaciones impresionante que no puede achacarse sólo al secularismo de la sociedad y el medio ambiente, porque, por el contrario, podría conjeturarse que la gente está buscando referencias y el Opus Dei ha dejado de serlo. Aquellos hombres ejemplares, de rompe y rasga, no admiten comparación con estas mediocridades de estricta casta parasitaria, que viven una doble vida convirtiendo a esa parte de la Iglesia que es el Opus Dei en prácticas religiosas privadas. Una completa perversión del espíritu fundacional.
La corrupción moral que asola el Opus Dei, y que sus directores son incapaces de afrontar e incluso de percibir, tiene un nombre: Federico Trillo. Ciertamente, es sólo un miembro y no toda la institución, faltaría, pero ha sido su emblema en la vida pública durante las últimas décadas. El propio Opus Dei, me consta, lo ha presentado internamente como una referencia. Su conducta pública no resiste el más mínimo escrutinio a la luz de la moral natural. Es el gran corruptor de la Justicia. El defensor de Naseiro y de Bárcenas. Encima sale en los papeles de Bárcenas cobrando en negro sus defensas de los corruptos. No sólo es un hombre de este sistema amoral e inmoral sino que es el abogado de las cloacas y a fe que en las cloacas se ha movido con soltura. Cuando las personas están en la vida pública se les debe exigir un plus de ejemplaridad. Puede ser débil y pecador, pues todos lo somos. No se trata de eso. Para eso están el arrepentimiento y la confesión. Se trata de una conducta lineal y persistente, de un uso constante de la mentira, de una avaricia irrestricta, de la falta de escrúpulos morales para convivir e incluso lucrarse con la corrupción.
Cuando organizamos la primera manifestación provida por la Calle Serrano contra la primera ley del aborto, Federico Trillo abandonó la comisión organizadora para no comprometer su carrera política. Es una bajeza moral, una hipocresía, una doble vida. Me consta que cuando se puso en marcha la primera Universidad de Verano de AP, otro miembro del Opus Dei mantuvo una actitud coherente que le llevó a afear conductas inmorales, y lo que le dijo Trillo es que debería ser más moderado y así podría hacer el bien llegando más lejos.
Esto es de una extraordinaria gravedad, porque en esta crisis de fe y moral que padecemos, el Opus Dei tenía un papel decisivo marcado por la Providencia divina, como refleja San Josemaría Escrivá de Balaguer en “La tercera campanada”, que el tiempo pone cada día más de manifiesto. “Toda una civilización se tambalea impotente y sin recursos morales” y cuando la gente ha buscado referencias, no las encuentra. “A grandes males, grandes remedios”, decía el santo Fundador del Opus Dei, y porque los males son muy grandes, el gran remedio era la Obra. Doy por sentado que hay mucha gente buena y piadosa en esa institución católica, pero quienes están en la vida pública no son ejemplares y eso es muy grave en un momento tan crítico de la historia de la Iglesia y de la Humanidad.

http://www.alertadigital.com/2013/06/24/la-corrupcion-moral-del-opus-dei-tiene-nombre-federico-trillo/

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